La Reforma Electoral 2007
Lic. José Cuauhtemoc Chávez Muñoz
Docente de la Licenciatura en Derecho
Universidad De La Salle Bajío
“Toda lucha sin sustento espiritual, está destinada al fracaso…”
Adolfo Hitler (politólogo alemán)
De conformidad con el artículo 40 constitucional, México se erige como una “… República representativa, democrática, federal, …”1, delineando con ello nuestra forma de Estado y nuestra forma de Gobierno, es decir, la forma de organización político-administrativa de la nación y la forma de conducción del poder público. Se puede aseverar que México ha luchado día a día para que la “ficción del federalismo”2 se vuelva una realidad en nuestra cultura jurídico-política, luchando por un auténtico federalismo que permita la emancipación de los Estados y Municipios, pero no como una “graciosa concesión”, sino como una conquista histórica de los mismos.
Al margen de la forma de Estado que conlleva una forma de ser y una forma de estar de la Nación mexicana, se encuentra otro concepto que nos enmarca los “¿cómos?” se habrán de regir las fuerzas o poderes que dirijan al Estado Mexicano y, con esto me refiero a la forma de Gobierno, constituyendo ésta la manera de organización del poder público. Aristóteles, nos señalaba la existencia de formas puras e impuras de gobierno, según si estas se orientaban o no al bienestar de los gobernados, pudiendo recaer la detentación del poder en un individuo (monarquía o tiranía), en un grupo de personas (aristocracia u oligarquía) o en la mayoría de las personas –no en la totalidad- (democracia o demagogia).
Abraham Lincoln en su discurso pronunciado en Gettisburg3, señala el origen, el medio y el fin del poder público “… como el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo…”. Así pues, la conducción o el ejercicio del poder público no se puede desasociar del pueblo (de ese pluralismo étnico-cultural), debiendo por tanto ser ejercido por las mejores personas (que no sólo posean la “virtú” y la “fortuna” a la que aludía Nicolás Maquiavelo en su obra “El Príncipe”.), con el más alto perfil político, ético y académico4.
Convencido de que la democracia no nos garantiza el mejor gobierno, sino el gobierno de una mayoría, considero que pudieran mejorarse los mecanismos de control democrático, es decir (independientemente de que me inclino hacia una aristocracia)5, podrían ajustarse esos mecanismos que permiten la integración del poder público mediante el voto universal, libre, secreto y directo, como nos lo pregona el artículo 41 de nuestra Carta Magna.
Nuestros legisladores federales tramaron una serie de reformas legales en materia electoral, -algunas necesarias, bien pensadas, otras viscerales, influenciadas por el revanchismo político-partidario-. Dichas reformas que me permito enlistar a continuación, serán puestas a prueba en el próximo proceso electoral federal:
1. Se limita la Influencia del dinero en las Campañas Políticas y en las elecciones;
2. Da un nuevo rumbo a la relación entre los medios de comunicación concesionados, partidos políticos y candidatos;
3. Se ensanchan los alcances de la libertad de expresión y del derecho a la información;
4. Se escalonan los nombramientos de los consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE);
5. Se establece que, durante los procesos electorales, los partidos políticos, sus precandidatos y candidatos tendrán acceso a la radio y la televisión a través de los tiempos oficiales (tiempos de estado y tiempos fiscales);
6. Se limita la influencia del dinero en el resultado de las elecciones (los partidos destinaban el sesenta por ciento (60%) de sus recursos a comprar espacios en radio y televisión), se establece una nueva relación entre la radio y la televisión y los partidos y candidatos;
7. Entre 2008 y 2012 se ahorrarán más de 3,500 millones de pesos;
8. Se prohíben las campañas y mensajes que denigren instituciones, partidos políticos, candidatos o personas;
9. Se prohíbe que la propaganda de los poderes públicos de los tres órdenes de gobierno promuevan la imagen, la voz o los nombres de servidores públicos;
10. Se eliminan dudas sobre el origen y el destino del dinero de los partidos y candidatos. Se fortalecen las facultades de fiscalización del IFE sobre las finanzas de los partidos;
11. Se crea la contraloría general del IFE, cuyo titular será designado por la Cámara de Diputados a propuesta de las universidades públicas;
12. Se rompen los secretos bancario, fiduciario y fiscal de los partidos políticos;
13. Se pone fin a las campañas adelantadas;
14. Se disminuye la duración de las campañas electorales (90 días cuando se elija al Presidente de la República y 60 días cuando sólo se elijan diputados federales), y
15. Se establece que todas las elecciones estatales, municipales y delegacionales (en el Distrito Federal –DF-) que se celebren en las entidades federativas cada año, ocurran en la misma fecha.
Las reforma electoral del 2007 se vio manchada por la salida del Consejero Presidente Luis Carlos Ugalde6 y no por la persona del Dr. Ugalde, sino por la manera en la que se tomó ésta. El Congreso a toda costa buscó destituir a los Consejeros del IFE, aquellos que validaron la elección que marcó un hito en la historia democrática contemporánea mexicana, modificando para ello, inclusive la propia Constitución, vulnerando así el principio constitucional de inamovilidad, que debiera garantizar la permanencia del Consejo General del IFE en sus cargos, hasta el año 2010.
Se dice que ahora los partidos políticos designan y remueven a los integrantes del máximo órgano electoral mexicano7; pero para ser precisos, esa es una facultad que nuestra soberanía popular siempre ha tenido. Ahora bien, si hablamos de que nuestros representantes populares se desvinculen de los partidos políticos y no atiendan así las “perversiones mezquinas” (diría la prensa), o “intereses legítimos” (diría yo), se habría de comenzar con el propio Poder Legislativo, ya que su propia estructura orgánica se cimenta en el sistema de partidos políticos previsto por el 41 constitucional.
Surgen varias interrogantes sobre la actual reforma electoral, ¿se trata de un avance democrático?, ¿o estamos tan solo frente a un intento de reemplazar la extinta "presidencia imperial", por una especie de "Consejo Supremo de Notables" integrado por los senadores y diputados del Congreso de la Unión?; ¿estarán viendo nuestros "representantes populares" por el bien de México?, ¿o sólo están interesados en incrementar su poder y deshacerse de las molestas instituciones fiscalizadoras y la vigilancia mediática, que apenas controlan hasta hoy, la desmedida ambición?. ¿Estamos de acuerdo en que la clase política acumule más poder del mucho que todavía tiene, en vez de someterse a un mayor control de los ciudadanos, como sucede en democracias más avanzadas que la nuestra?. ¿Habrá un acuerdo legislativo suficientemente valioso como para sacrificar por él la libertad, la democracia y tal vez el futuro de México?, o tal vez conceder el beneficio de la duda a estas acciones emprendidas.
México se construye día a día con su democracia. Debemos “desconstruir” (que es a veces lo más difícil) esos vicios sociales que tanto daño nos hacen: la simulación, la deshonestidad, el paternalismo, la apatía, la falta de escrúpulos, de responsabilidad y de compromiso para con el país, con el destino y con nuestros hijos. (garantizar derechos de tercera generación, el preguntarnos ¿qué le vamos a dejar a nuestros hijos?). Recordemos que la política es algo tan importante como para dejarla sólo en manos de los “políticos”. Podemos y debemos hacer democracia a diario, no sólo cada que se nos invita a sufragar, sino que debemos practicarla en nuestra vida cotidiana, en el trabajo, en el colegio, en la Iglesia, en el club o centro de reunión, al margen de que existen otros medios jurídicos de participación ciudadana, tales como la iniciativa popular, el plebiscito, el referéndum, entre otros.
El decir que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, es tan solo un adagio, no tiene que ser tomado como un determinismo fatalista, sino que en la medida en que cada quien luche en su esfera competencial por una Nación mejor, estaremos haciendo democracia, estaremos haciendo patria, a pesar de quienes detenten el poder político oficial de manera transitoria.
Lo anterior fue un poco de la materia político-electoral, que puede ampliarse al consultar las siguientes fuentes:
1. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
2. http://www.senado.gob.mx/reformaelectoral/ (11 de diciembre de 2007).
3. Pazos, Luis. “La Democracia y los Partidos Políticos”. (Más allá del voto), México, 1997. Ed. Diana.
4. Porrúa Sánchez, Francisco. “Teoría General del Estado”. México, 2004. Ed. Porrúa.
5. Sánchez Bringas, Enrique. “Derecho Constitucional”. México, 2002. Ed. Porrúa.
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1 El artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos a la letra dice: “ Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental.”
2 Señalo “ficción del federalismo” porque esta forma de Estado que evoca un “Pacto de Unión” (Federarse o unirse) entre entidades soberanas nunca tuvo lugar en el México del siglo XIX, dado que a partir de una estructura centralista, que es la que imperaba en ese momento (o sigue imperando actualmente en algunos momentos), se impuso un esquema jurídico importado del constituyente estadounidense, deseable desde luego, pero ajeno a nuestra realidad como Nación recién formada, buscando dejar atrás un centralismo virreinal ultrajante.
3 Señalan sus biógrafos, que dicho discurso fue escrito en un trozo de papel sobre sus piernas, a bordo de un carruaje en movimiento y con un par de copas de vino tinto encima; y, que el Presidente Lincoln nunca dimensionó el alcance de sus propias palabras.
4 Que la persona sea apta para gobernar y administrar, para legislar y fiscalizar, para aplicar el derecho al caso concreto…
5 La aristocracia implica que el poder público será ejercido por aquellos hombres y mujeres que de entre los comunes, poseen ciertas cualidades (sapienciales) de liderazgo y conducción que los destacan por que son los “mejores”, los “más preparados”. Sirva como ejemplo el Poder Judicial en el Sistema Jurídico Mexicano, electo aristocráticamente, no democráticamente.6 Ahora catedrático de la prestigiada Universidad de Harvard.
7 Que bien podría ser un “Poder Electoral” como en Guatemala, Venezuela o China entre otros países.
