Dr. Víctor Manuel Pérez Valera
Conferencia Magistral
Sacerdote jesuita, Doctorado en Antropología Religiosa y Literatura y Maestría en Derecho. Autor de Diversos artículos y libros, entre los que destacan: Deontología Jurídica; El hombre y su muerte; preparación para la vida; Eutanasia: piedad o delito.
La ética es muy importante y muy necesaria en la vida, y en segundo lugar la deontología jurídica, que es la ética aplicada a la formación de los abogados y de los jueces, es también muy importante y muy necesaria. Si tuviéramos tiempo, me gustaría indicarles un poco el método, el camino que sugiero para el estudio de la ética.
Primero, yo creo que es innegable la crisis moral actual. Voy a usar la palabra ética y moral como sinónimos, sé que no son exactamente sinónimos, pero las diferencias que ponen los grandes filósofos no son contundentes y no se ponen ellos de acuerdo. Ética viene del griego “ethos” “costumbre”, pero estudios más profundos revelan que la palabra ética no es con “eta” sino con “épsilon”, y entonces cambiaría un poco el significado de la ética con épsilon; con eta, ethos significa hogar, protección, cobijo, seguridad, atención a esto, sin ético estamos en el desamparo, a la intemperie, desorientados, sin techo.
Vivimos una civilización de medios y no de fines, esto se puede ver no únicamente en la compra de los productos, sino que muchas veces no pensamos en el fin; incluso, si ustedes le preguntan a otra persona por qué escogió la carrera de Derecho, les va a responder generalmente por medios; es que quiero esto, quiero eso, y al final no se fijaron en los fines de la vida humana, en el fin último de la profesión, sino que se quedaron en medios, generalmente lícitos, pero al fin medios, y no fines.
Vivimos pues en una civilización de medios y no de fines, y esto hace que nuestra vida esté sin ética, al desamparo, desorientados. Si se pierde el fin, se pierde el sentido de la vida. Un gran psicólogo plenista que se dedicó a estudiar especialmente la ética, llamado Víctor Frank, hablaba de que en nuestro mundo, y no únicamente en la sociedad austriaca, que era su patria, ni en la americana donde residió muchos años, sino en general en Europa y en el mundo, estamos padeciendo una neurosis de vacío existencial.
Asistimos en nuestro tiempo a una pérdida de la estima de la moral. Cuando empiezo la clase de Deontología, debo de explicarles el origen de la palabra. “Muchachos, no van a tomar clase, como me dijeron algunos, de Odontología Jurídica”; Deontología, neologismo inventado por Jeremías Ventar, y que viene del griego “Deon, Deontos”, deber; “logos”, tratado; tratado del deber, que se aplica a las profesiones, el deber de las profesiones. Deontología Jurídica, el deber de la profesión jurídica.
Enseñar Deontología Jurídica significa ir contra la corriente. Muchos, no la mayoría afortunadamente, dicen “esta clase va a ser inútil” porque nos van a dar recomendaciones, nos van a decir que seamos buenos; no, la Deontología no da recetas, va a la raíz del ser humano, a buscar las finalidades últimas, a ponernos delante de nosotros un amplio horizonte de la finalidad de la profesión y de la finalidad del hombre y de la sociedad.
Vivimos actualmente un gran resentimiento social, y lo podemos ver en la permisividad. Si comparáramos las costumbres en la vida pública, en los medios de comunicación, en las revistas y en las profesiones de hace 50 años, nos quedaríamos admirados de cómo ha cambiado nuestra sociedad, a siempre permitir más, a ser más permisiva, a buscar menos la rectitud, a decir simplemente, bueno así son los medios de comunicación, así se vive, tiene que haber libertad, y con la libertad estamos autorizando el libertinaje, que es precisamente la pérdida de la libertad.
Es cierto que si quisiéramos ir un poco más a fondo de la crisis moral que padecemos, tendríamos que recurrir a los forjadores de la modernidad. Esta palabra modernidad surge cuando el hombre se coloca en la reflexión como punto central. El cosmos es desplazado y el hombre ocupa un lugar central. No estaría mal si no hubiera desplazamiento de las otras realidades, porque al final el hombre no está solo, ni en la sociedad ni en el cosmos.
Es muy difícil decir quiénes son los forjadores de la modernidad, pero ciertamente podríamos señalar 3, no quiero decir que con esto sean gente detestable, que no haya que estudiar, que solamente hay que condenar absolutamente. Todos ellos tienen, sin duda, grandes valores; pero también provocan un desplazamiento del cosmos, de muchos valores permanentes.
Los forjadores de la modernidad son Marx, Freud y Nietsche. ¿Qué es lo que pasa con ellos? Que éstos, como les ha llamado Rutier, son los maestros de la sospecha. Tú actúas así, y viene Freud y te dice “tú crees que actúas así, pero tu subconsciente quién sabe a dónde te lleve a actuar; tú dices que actúas por este fin, pero no, te lo estás inventando, y entonces en la profundización del subconsciente se convierte toda nuestra actuación en sospechosa”, yo ya no se si actúo bien o actúo mal. Igual pasa con Marx, pero tomando sobre todo el aspecto social, el aspecto económico, acuérdense que Marx llega a decir que el Derecho es una superestructura burguesa que hay que acabar, y herederos de la herencia de Marx nos dicen que el Derecho está hecho para oprimir a la gente más pobre de la sociedad, si no en teoría, sí en la práctica. Entonces es una extorsión ética de la profesión. Y de Nietsche, con su ambición de crear al superhombre, puede ser que haya reducido al hombre a un tipejo, a un paria social, a alguien que busca únicamente sobresalir y poder pisotear a los demás. Desde luego, esto que estoy diciendo, alguien me podrá decir que es un poco caricatura, y lo acepto, pero la tendencia de los forjadores de la modernidad es ésa.
Hay una exaltación del subjetivismo, hay un relativismo ético, una ética de situación, los valores absolutos, lo bueno y lo malo dependen de la situación. Yo estoy de acuerdo en que la situación es importante en la moralidad de un acto humano, pero no al grado de cambiar el bien en mal o el mal en bien, y vivimos una ética de situación que fue creada en los años 60’s por Fletcher, que invadió toda Europa y también América Latina, quizás ya no con el nombre del autor, pero si con sus ideas.
Tenemos pues una respuesta rebelde y acrítica, muchas veces a rigorismo moral para los años 50’s, para los años 60’s, pero la reacción es rebelde y acrítica, es de total rechazo y no de purificación de sus valores, que quizá estaban exagerados.
Para Adela Cortina, una mujer contemporánea y actual, muy apreciada en España y América Latina, estamos padeciendo un vacío de interioridad; por ejemplo, amar a una persona por su apariencia y no por su interioridad, no por sus ideales, no por sus valores, no por sus deseos profundos, sino amarla por la apariencia, significa un vacío de interioridad; es como amar a alguien por su exterioridad, por su apariencia; es como si leyéramos un libro por su encuadernación; yo creo que hay chicas muy bien encuadernadas, sin duda, pero no basta, se debe ver la interioridad, los valores, los ideales, las metas profundas.
Un autor llega a decir que vivimos la existencia usando la palabra inglesa “Light”, una existencia “Light”, que ahora está esta palabra muy popular; se busca todo lo Light, porque si no, engorda; entonces el refresco Light, la hamburguesa Light, los chicharrones Light, todo Light. ¡Ja!, pero la vida se puede convertir en una vida Light, ligera, superficial. Una vida con miedo al compromiso es una vida ligera, una vida carente de lo necesario, es una vida con miedo a la responsabilidad, de encargarnos de nuestra vida.
Los primeros años de nuestra infancia, y quizá los primeros años de nuestra adolescencia, nuestros padres se encargaron de nuestra vida, pero ahora en la Universidad, papi y mami siguen siendo muy respetables, pero yo debo encargarme de mi vida, debo yo asumir mi vida.
Oiga, usted dice encargarse, pero encargarse es carga; sí, encargarse es carga, encargarme de mi vida, y es una carga que debo de afrontar, porque la vida como decía Heideger, está hecha de una trama indisoluble, la vida es don y tarea; el ser humano es el único ser que tiene su ser como tarea: humanizarse. ¿Y cómo se va a humanizar, nada más dejándolo todo al azar? No, es una tarea humanizarse, es una tarea ser más humano. Miren, el perro no puede desperrizarse, el caballo no puede descaballizarse, el toro no puede destorarse, pero el hombre sí puede deshumanizarse, es el único ser que tiene su ser como tarea, pero además no únicamente como tarea, sino es el único ser que puede ir más allá de la animalidad.
Acuérdense del principio del Fausto de Goette, en que Mefistófeles, hablando con Dios. le dice: “Mira yo contra ti no tengo nada, hiciste un mundo maravilloso, los árboles, las plantas, lo verde, todo, pero ¿sabes qué te falló? el hombre. Es cierto que le diste una chispa divina que ellos llaman inteligencia, pero para lo único que le sirve es para hacerse más bestia que las bestias, eso sí, anda orgulloso sintiéndose el amo del mundo y metiendo las narices en todas las porquerías que se encuentra”. ¡Cuánta verdad tiene aquí Mefistófeles!
El hombre no está hecho para eso, pero si se deshumaniza puede ser más bestia que las bestias. Ejemplos, y sólo les doy algunos, pues les serían tan repugnantes que mejor no decirlos en público, por ejemplo, la tortura que envilece al que la hace, que envilece al torturador y al que juzga la tortura. El animal mata, si mata por necesidad, mata por instinto, pero el animal no tortura, el hombre si tortura y los fines de la tortura pueden ser de lo más nefasto, de lo más terrible, de lo más deshumanizante, otros ejemplos se los dejo a su imaginación.
¿Qué queremos nosotros de la profesión jurídica?, ¿ser borregos?, ¿ser autómatas jurídicos?, ¿ser robots jurídicos? O tomar el núcleo de la profesión, la justicia, el orden, la equidad y tratarla de impartir en la teoría y en la práctica, en la fabricación de las leyes y en los juicios concretos.
El hombre se construye o se destruye con sus actos, con todo lo que hacemos, o nos construimos o nos destruimos. No podemos actuar sólo con instinto, el instinto es sabio, pero es la guía del animal…
Sin las virtudes no puede subsistir ni la familia ni la sociedad, ni la sociedad nacional ni la sociedad internacional. Sócrates decía que una vida que no se examina no es digna de vivirse. En la vida humana es necesario el autoexamen y la autocrítica, una vida que no se examina no es digna de vivirse, es desperdiciar la vida humana.
Benjamín Franklin, Presidente de los Estados Unidos y buen científico, el inventor del pararrayos, decía que un hombre no debe de pasar un día sin examinar su propia conciencia, porque otra amenaza que tenemos es la enfermedad de la abundancia. Muchos sectores de nuestra sociedad están padeciendo esta enfermedad, la enfermedad de la abundancia, y la enfermedad de la abundancia lleva a la falta de ética, al abuso del tener, con perjuicio del ser.
La ciencia y la técnica son una ilusión mesiánica, la ciencia y la técnica solas no van a salvar al hombre de su maldad, de sus malas incitaciones, de sus vicios; la ciencia y la técnica solas no significan necesariamente progreso. Muchas veces nuestra civilización es aprendiz de brujo, hay muchos progresos, pero muchos de estos progresos son ambiguos; por ejemplo, ustedes saben que estamos destruyendo nuestro mundo, y por falta de ética, por egoísmo, por poner por encima los bienes materiales y económicos al bien de la sociedad y a la protección de nuestro mundo; la ciencia, sin conciencia, es la ruina del hombre; y también vale para la ciencia del Derecho, el Derecho sin conciencia, es la ruina del hombre y de la sociedad.
Los romanos al ver la corrupción de sus costumbres se preguntaban ¿para qué queremos leyes, si no tenemos ética?, las leyes están muy bonitas muy nobles, pero si no tenemos el mínimo de ética, no vamos a cumplir la ley, va a ser la ley de la selva, la ley de la jungla, la ley del asfalto, la ley de lo inhumano. ¿Para qué queremos el Derecho, si no tenemos ética?.
Uno de los grandes políticos logró algo que los politólogos del Siglo XX pensaban que nunca podía lograrse. El comunismo avanzaba, se consolidaba, tenía gran fuerza, y decían que lo único que podía acabar con el Comunismo era la Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, sabemos que el Comunismo de la Unión Soviética se desmoronó solo, sin un disparo, ¿por qué?, Porque uno de los forjadores de este cambio, Gorvachov, se puso como lema dos palabras: Perestroica y Glasnot. Primero, Glasnot, el Gobierno debe de ser transparente, no debe ser un geto cerrado, no debe ser una mafia que nada más ella sabe lo que hace, el Gobierno debe mostrar la transparencia a la sociedad y la sociedad también debe ser transparente; pero más importante que el Glasnot y juntamente con ella surge la Perestroica, un cambio, una conversión, y llegó un momento, cuando vino la famosa catástrofe nuclear, y se dio cuenta que era necesaria la transparencia y la transformación de ese país que tenía mucho oropel, pero que no tenía grandes valores, o que los estaba socavando.
Se dio cuenta que la Perestroica era importante, pero en un famoso discurso Gorvachov dijo: “No vamos a lograr los cambios, la conversión de este país, la superación, si no ultimamos cada uno de nosotros la Perestroica en su propio corazón, es decir, el cambio íntimo, de cada persona, de cada hombre, de cada mujer para poder cambiar la sociedad”.
Los grandes Imperios muchas veces cayeron no por la fuerza de sus enemigos, sino por sus propios vicios. Un autor romano decía esta frase: “No nuestros enemigos, nuestros propios vicios nos vencieron”; es decir, en la historia existe una fuerza terrible que castiga al mal, que hace fracasar, que aniquila enormes fuerzas. Los griegos tenían una palabra para indicar esto, “Némesis”, la Diosa Vengadora, y miren, esto es tan importante que hay que caer en la cuenta que muchas veces no hay que echarle la culpa a Dios.
Una chica que anda viviendo una vida muy ligera, muy desenfrenada y de pronto queda embarazada y dice “me castigó Dios”; no, te castigó Némesis, tus actos mismos te castigaron, el SIDA no es castigo de Dios, es de Némesis y Némesis tiene una característica, no perdona.
Arnold Tolpi, gran filósofo de la historia, demuestra en sus estudios de la historia que los grandes imperios han caído víctimas de sus propios vicios, en otras palabras de su falta de ética.
Muchas gracias.
