La legitimidad.
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“El mayor castigo para quienes no se interesan por la política
es que serán gobernados por personas que sí se interesan”.
Arnold J. Toynbee (1889-1975)
Historiador Británico
La Legitimidad es un término utilizado en la Teoría del Derecho, en la Ciencia Política y en la Filosofía. Define la cualidad de ser conforme a un mandato legal, a la justicia, a la razón o a cualquier otro mandato cierto. El proceso mediante el cual una persona obtiene legitimidad se denomina legitimación.
En Ciencia Política es el concepto con el que se enjuicia la capacidad de un poder para obtener obediencia sin necesidad de recurrir a la coacción que supone una amenaza del uso de la fuerza. Un Estado es legítimo si existe un consenso entre los miembros de la comunidad política para aceptar la autoridad vigente, aunque no necesariamente se esté de acuerdo con ella. La legitimidad se refiere al ejercicio del poder político. Cuando éste es percibido como legítimo, será mayoritariamente obedecido, mientras que el percibido como ilegítimo será desobedecido, salvo que se obtenga obediencia por medio de la violencia. 1
Respecto de los procesos que permiten que una fuerza, grupo o persona determinada ascienda al poder, se ubican dos tipos de legitimidad, la inicial que es la que se obtiene al ascender jurídica y moralmente bien al poder, porque se alcanzó una mayoría en la votación indubitable, pulcra y sin tropelías. Sin embargo, se puede llegar al poder de forma corrupta, trampeando, vulnerando el respeto a la dignidad de las personas e instituciones, o de forma abrupta bélicamente hablando, en donde un gobierno de facto también se puede legitimar a través de buenos actos de gobierno, siendo este el segundo tipo de legitimidad.
La legitimidad política se puede definir desde dos perspectivas: la de quien obedece y la de quien manda. Desde la perspectiva de quien obedece, será legítimo aquel Gobierno que accede al poder (legitimidad de origen) y lo ejerce (legitimidad de ejercicio) cumpliendo los requisitos que los que obedecen creen que debe cumplir para mandar. La legitimidad así entendida es un compromiso entre ambos extremos. La teoría de la legitimidad no prejuzga la calidad de los regímenes políticos, sino que examina los mecanismos de mando y obediencia, porque —en términos generales—, cuando el poder pierde su legitimidad deja de ser poder, a menos que ejercite la coacción.
El concepto de legitimidad política tiene sus orígenes en la filosofía aristotélica, que establece una lista de estados legítimos e ilegítimos. Basan la distinción en el bien común y no en la percepción subjetiva del binomio gobernante-gobernado. Uno de los primeros pensadores que reflexionó sobre este problema fue Étienne de la Boétie. Se refirió a la servidumbre voluntaria. Establece que la legitimidad la otorga la voluntad general de los sometidos al poder. Pero la sistematización del tema se debe a Weber, quien incluye el asunto en la Ciencia Política, desde entonces un tema recurrente.
La legitimidad de un sistema político fortalece la eficacia y la efectividad de las decisiones, con lo que se potencia la persistencia y la estabilidad del régimen. Asimismo, de un estudio sobre las democracias competitivas se deduce la importancia del comportamiento de los actores políticos, principalmente del Gobierno y las oposiciones desleales o semi leales, para preservar o no la estabilidad política.
Una mayor participación del público y de todos los miembros de la organización puede considerarse como un medio para elevar la confianza y dar legitimidad al Gobierno, toda vez que existe amplia evidencia de que los ciudadanos en todo el mundo han perdido confianza en el sector Público. Al desarrollar mecanismos de participación y empoderamiento pudiera ayudar a superar esa desconfianza. Se considera que contar con grupos sociales activos en la sociedad eleva los niveles de confianza social y cooperación. 2
Desde luego que en la discusión en torno a la legitimidad entran cuestiones práctico-morales. Por eso es mejor recurrir a una definición empírica que permita constatar que la pretensión de legitimidad de un orden es reconocida de hecho en un contexto social y tiempo determinado, aunque todavía un reto dar una definición normativa de la legitimidad. Legitimidad significa el merecimiento de reconocimiento por parte de un orden político. Las legitimaciones sirven para mostrar cómo y por qué las instituciones existentes son adecuadas para emplear el poder político en forma tal que lleguen a realizarse los valores constituidos de la identidad social.
El principio de que la legitimidad racional se encuentra en el diálogo. El acuerdo es inseparable de la historia de la democracia. No se debe perder de vista que la legitimación puede conceptualizarse como un proceso de comunicación, en donde el uso comunicativo del lenguaje tiene como objetivo interno la búsqueda del entendimiento. Por lo tanto, la legitimidad estará dada por las condiciones que permiten un proceso comunicativo orientado hacia el entendimiento. La legitimidad presupone la idea normativa de una argumentación libre de toda coacción externa, en la que se pongan a prueba la validez de los fundamentos del poder. 3
En este contexto, la legitimidad tiene más que ver con la gobernanza que con el gobierno. Este enfoque político permite mejorar los niveles de democracia e impulsar la participación ciudadana en los asuntos públicos. Implica varios conceptos y definiciones estratégicas y necesarias para la gobernabilidad y por tanto, para la legitimación del Estado y su conjunto (Gobiernos locales) para lograr y alcanzar el bien común. Es más, en una postura extrema, algunos autores sostienen que puede haber “gobernanza sin gobierno” y que las redes sociales pueden muy bien organizarse a sí mismas. Dado que en esas redes participan los principales actores de los diversos campos de las políticas públicas, tendrán mayor legitimidad que un Gobierno distante.
Entonces el incremento de la legitimidad está estrechamente vinculado con la importancia de la sociedad civil en la tarea de gobernar. Se parte de considerar que para ser eficaz, especialmente en términos democráticos, el Gobierno debe ser apoyado por una sociedad civil activa. Esta intención es loable en cualquier contexto democrático, y debe contribuir a aumentar la legitimidad del Sector Público y fortalecer la capacidad del Gobierno para el logro de sus objetivos.
Todos estos argumentos son importantes porque tienden a desplazar el locus de la participación ciudadana (y, en cierto sentido, la legitimación) del lado del insumo al lado del producto o resultado del sistema político. Esto es, los Gobiernos obtienen su legitimidad por los resultados que ofrecen a sus clientes. Pero tal legitimación política no fluye a través de los partidos políticos y las Legislaturas electas, sino que se deriva de las relaciones ciudadanas más directas con el Estado y, en particular, con las burocracias gubernamentales, alterando los términos de la discusión sobre la legitimidad y la democracia. De esta suerte, habría que plantearse si el precio por alcanzar la legitimación no resulta demasiado elevado. 4
Sin lugar a dudas, la legitimidad se erige como un factor de gobernabilidad estatal, más aún hoy en día, en donde ya no deben tener espacio alguno la polarización político partidista, los maniqueos insulsos, las posturas anárquicas, la diatriba o descalificación de las instituciones, donde no se puede permitir regresar a conductas del pasado que no tienen cabida en el México de este nuevo siglo.
O qué opina Usted amable lector, ¿vale la pena devolverle la legitimidad a nuestras instituciones, a nuestra política, a nuestras estructuras de gobierno? Yo opino que sí, que por México, por nuestros hijos, por nuestras familias vale la pena emprender este proceso evolutivo de gobierno, teniendo sus cimientos en el pueblo, teniendo sus soportes en la legitimidad…
Concluyo con una cita y los invito a investigar más del tema:
“La política es algo tan importante como para dejarla
Sólo en manos de los políticos…”
Diego Fernández de Cevallos Ramos
Político Mexicano contemporáneo
Agradezco sus gentiles comentarios en la siguiente dirección electrónica:
jcchavez@delasalle.edu.mx
Referencias Bibliográficas:
1. Nalda García, José Constantino. Administración Pública para la Democracia. Algunos aspectos estratégicos. Venezuela, 1993. CLAD.
2. Nalda García, José Constantino. Op. Cit.
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4. Ídem

