ESTOMATOLOGÍA FORENSE
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Antecedentes Históricos.-
Desde nuestra aparición como especie sobre la faz de la Tierra, los seres humanos hemos tenido la precaución de saber quiénes somos, pregunta que nos ha llevado, a esclarecer nuestros datos evolutivos.
La odontología, ha ofrecido a las investigaciones antropológicas una base fundamental para estudiar esas pequeñas evidencias paleontológicas que son los maxilares. Las planicies africanas continúan aportando datos de hace millones de años, cuando nuestros ancestros, abandonaron su habitad arbóreo y su alimentación vegetariana para deambular por aquellas praderas, donde adquirieron hábitos carnívoros y la costumbre de caminar erectos, actitudes que dan inicio a una nueva etapa evolutivo.
La odontología forense se relaciona históricamente con la medicina forense, con aquellos casos en los que la identificación de sujetos ha revestido un problema singular. El hecho de que los tratamientos odontológicos antiguos hayan sido efectuados con materiales más o menos perdurables, permite reconocer y establecer las técnicas y los propios materiales utilizados.
El primer caso de una identificación por elementos dentales se remonta a la Roma Imperial, en la época de Claudio I, Tiberio Druso. Claudio tenía una amante de nombre Loilla Paulina, rival poderosa para Agripina, quien manda ejecutar fuera de la ciudad imperial, e indica que le sea llevada su cabeza cercenada, lo cual fue hecho. Pero debido al tiempo transcurrido entre la ejecución y la presentación de la cabeza, ésta ya presentaba signos de putrefacción, suceso ante el cual Agripina separó los labios del cadáver y observo que la tonalidad de los dientes, coincidían con las características dentales que presentaban en vida Loilla Paulina, con lo cual quedo satisfecha. Se trata, quizás, de la primera identificación dental positiva.
Hacia a finales de la Edad Media, el 5 de enero de 1477, en un campo de batalla de Nancy, Carlos El Temerario, último duque de Borgoña, muere y su cuerpo queda mezclado con los restos de otros combatientes. Sus ayudantes tratan de localizarlo entre los cadáveres y recuerdan que él había sufrido la caída de un caballo, en la que perdió cuatro incisivos superiores, dato que les permitió hallar el cuerpo de su caudillo.
Paul Revere, conocido por su participación en la denominada Fiesta del Té, de Boston, en 1773. Revere practicó la odontología de 1768 a 1778, arte que aprendió de John Baker, cirujano Inglés.
En 1849 solicitan por primera vez los servicios de un cirujano dentista en los Estados Unidos, el doctor Keep, a quien le pidieron que practicara como especialista en el caso Parkman-Webster, incinerado por un colega suyo en un horno de laboratorio. Los fragmentos de porcelana hallados en el horno permitieron a Keep identificar a la víctima, a quien él le había colocado una prótesis de este material, lo que condujo hasta el homicida.
En 1869, el odontólogo estadounidense McGrath logró identificar a varias víctimas de un siniestro ocurrido cerca del río Ohio, mediante los trabajos dentales que él mismo les había practicado.
El doctor Roustein, quien en 1872 se traslado a su natal África para buscar los restos del príncipe Luis Napoleón, muerto por miembros de la Tribu Zulú. El cuerpo por identificar debía tener cuatro incrustaciones de oro que él le había colocado al príncipe en vida. Logró dar con el cadáver de tan ilustre personaje, dando por cierta su identificación por medio de los hallazgos dentales.
En 1879, el estadounidense Thompson clasifica las huellas dentales, a partir de las características individuales de las arcadas dentales tanto en su morfología como en su distribución. Para 1885, las leyes austriacas aceptan la odontología como auxiliar de la medicina forense, y lo propio ocurre en Inglaterra en 1886.
En 1894, el doctor Plastching presenta en Roma un método para la identificación y le da el nombre de odontometría, con fichas legales que permiten tener un registro completo y de fácil interpretación.
En 1897, el cubano Óscar Amodeo, presenta en el congreso internacional de Moscú un artículo titulado "Función de los dentistas en la identificación de víctimas del incendio del Bazar de la Caridad", en París, donde el 4 de mayo de 1897 murieron 126 personas. Los cuerpos fueron trasladados al Palacio de la industria donde, pese a que muchos estaban mutilados y tenían intensas quemaduras, se logró identificar a casi 100 pero 30 cadáveres no podían ser identificados, entonces llamaron a los dentistas de las personas que faltaban por identificar para que trazaran diagramas dentales, los cuales permitieron identificar al resto de las víctimas.
El 19 de mayo de 1895, el cubano Valencia y Fort busca en el campo de batalla de Boca de Dos Ríos, tras una escaramuza con tropas españolas, el cuerpo del prócer José Martí, que identifica por la ausencia del diente central superior derecho, que el propio Valencia y Fort le había extraído tiempo antes. Además de los datos de estatura, sexo, complexión y edad, ese dato odontológico permitió la identificación del héroe cubano.
En 1907, el chileno Valen de Basterrica, dedicado a la identificación de restos que se atribuían al secretario de la embajada alemana, Williarn Becker, al parecer asesinado y desaparecido por cuestiones políticas, pudo comprobar que pertenecían a Ezequiel Tapia, portero de la embajada y no al diplomático.
En 1924, la Federación de Odontología Latinoamericana, reunida en Montevideo, Uruguay, recomienda a todos los países miembros anexar a los documentos propios de identificación la ficha dental, así como el registro y archivo personal de los profesionales agremiados que tuvieran fichas disponibles para uso legal.
En 1932, el teniente médico dentista Lindoro Ponce sugirió, en el Boletín internacional de archivos belgas, la necesidad de un carnet dental para los miembros de la Escuela Militar y Naval de Argentina, recomendación que fue aceptada.
En el Congreso Odontológico Nacional de 1933, Roberto Álvarez Boettiger presenta en México su proyecto de una ficha signalética odontoestomatológica militar y, en la primera convención de Médicos Militares Mexicanos, su trabajo Ficha dental y gráficas de historia clínica odontoestomatológica, gráfica de lesiones dentomaxilofaciales para el Ejército Mexicano.
En 1938, los cubanos Castroverde y Carlos Criner García lograron hacer la identificación de una mujer descuartizada, por medio de una prótesis de dos unidades que le había hecho un dentista en Cuba.
En 1949 fallece en un accidente aéreo Alfonso Ramos Millán, el apóstol del maíz, cuyo cadáver, después de una penosa búsqueda en las faldas del volcán Popocatépetl, fue trasladado a la ciudad de México, donde se logró identificarlo mediante sus registros dentales.
Para 1971, bajo el mando del procurador de Justicia del Distrito Federal, Sergio García Ramírez, y del director de Servicios Periciales, Luis Rafael Moreno González, maestro insigne de varias generaciones de investigadores, se comienza a desarrollar en México técnicas de identificación con metodología de punta, con la creación de departamentos especializados.
En 1974 se crea el Departamento de Odontología Forense, adscrito al Servicio Médico Forense del Distrito Federal, que da inicio a un nuevo horizonte en el establecimiento de sistemas y técnicas aplicadas en México.
Para 1990, la Universidad Autónoma de Querétaro crea la especialización de Odontología Forense, con 10 alumnos.
La Odontología Forense en México.-
Por muchos años, en México la actividad pericial del odontólogo forense se limito sólo a cirujanos dentistas de práctica particular. Debido a la falta de especialistas en esta materia, las actividades y a la carencia de una adecuada metodología, las actividades y actuaciones de estos dentistas resultaban empíricas, lo que se traducía en una peritación incorrecta.
Durante aquellos años en la Escuela de Odontología de la Universidad Nacional Autónoma de México se impartía la materia de Odontología Forense, la instrucción resultaba superficial y basada en aspectos de Medicina Forense, sin adentrarse propiamente en la actividad odontológica.
La práctica forense en si correspondía a los médicos forenses dependientes del Servicio Médico Forense del D.F., del Tribunal superior de Justicia del D.F., o bien en los peritos habilitados por parte de la Procuraduría General de Justicia del D.F., en lo que corresponde a este lugar. En el resto del país se realizaba con dentistas privados, muy expuestos a cometer errores.
En aquel entonces los trabajos de investigación eran muy limitados; por ejemplo, para 1970, en la biblioteca de la Escuela de Odontología de la UNAM sólo existían dos tesis relacionadas con la odontología forense; una, la del doctor José Luis Romero, y otra de Oscar Lozano.
CONCLUSIONES
Sería prácticamente imposible anotar todas y cada una de las actuaciones de la odontología forense, en los casos de importancia histórica, pero su constante evolución y aplicación mundial nos permiten considerarla como una verdadera especialidad forense.
Por lo pronto, queda esta sucinta recopilación de datos a manera de muestra de lo que ha sido esta actividad, pero les corresponde a las actuales generaciones de odontólogos forenses agregar nuevos capítulos a la apasionante historia de esta disciplina.
BIBLIOGRAFÍA
1. Estomatología Forense
Autor: Oscar Lozano y Andrade
Editorial: Trillas
2. Medicina Legal
Autor: Eduardo Vargas Alvarado
3. Estomatología Forense
Autor: Alberto Correa Ramírez
Editorial: Trillas

