AÑO 3 NO. 16 || 15 . ENERO . 2013
REVISTA ELECTRÓNICA TRIMESTRAL DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE LA SALLE BAJÍO

Foto:impresionante1.spaces.live.com

Lo que Debemos Saber sobre la Violencia

Lic. Ricardo Chávez Álvarez
Catedrático de la Escuela de Derecho

INTRODUCCIÓN

A pesar de la entrada a un nuevo siglo, caracterizado por grandes avances en la ciencia y la tecnología, como sociedad no hemos podido resolver muchos de los graves problemas que afectan nuestra convivencia y desarrollo como personas. Entre éstos encontramos la pobreza extrema y la violencia de diferentes tipos.
Hoy en día la violencia, en todas sus manifestaciones, parece una forma natural de convivencia social.
Vivimos rodeados de una serie de situaciones y fenómenos violentos y muchas veces los hemos asumido y los asumimos como una característica propia del ser humano. Sin embargo, es responsabilidad nuestra buscar la forma de superarla.
Son muchas las razones que la generan y es importante poder identificarlas para entender el problema y tratar de solucionarlo.

FORMAS DE VIOLENCIA
Algunas acciones de maltrato entre los miembros de la familia son evidentes, generalmente las de que tienen implicancia física, otras pueden pasar desapercibidas, sin embargo todas dejan profundas secuelas. La violencia intrafamiliar puede adoptar una o varias de las siguientes formas: violencia física, violencia psicológica, abandono, abuso sexual y abuso económico.

Violencia física
La violencia, maltrato o abuso físico es la forma más obvia de violencia, de manera general se puede definir como toda acción de agresión no accidental en la que se utiliza la fuerza física, alguna parte del cuerpo (puños, pies, etc.), objeto, arma o sustancia con la que se causa daño físico o enfermedad a un miembro de la familia. La intensidad puede variar desde lesiones como hematomas, quemaduras y fracturas, causadas por empujones, bofetadas, puñetazos, patadas o golpes con objetos, hasta lesiones internas e incluso la muerte.

Violencia psicológica

La violencia psicológica o emocional, de manera general, se puede definir como un conjunto de comportamientos que produce daño o trastorno psicológico o emocional a un miembro de la familia. La violencia psicológica no produce un traumatismo de manera inmediata sino que es un daño que se va acentuando, creciendo y consolidando en el tiempo. Tienen por objeto intimidar y/o controlar a la víctima la que, sometida a este clima emocional, sufre una progresiva debilitación psicológica y presenta cuadros depresivos que en su grado máximo pueden desembocar en el suicidio.
Algunas de estas acciones son obvias, otras muy sutiles y difíciles de detectar, sin embargo todas dejan secuelas. Un caso particular de este tipo de abuso son los niños testigos de la violencia entre sus padres, los que sufren similares consecuencias y trastornos a los sometidos a abusos de manera directa.
La violencia psicológica presenta características que permiten clasificarla en tres categorías:


1. Maltrato: puede ser pasivo (definido como abandono) o activo que consiste en un trato degradante continuado que ataca la dignidad de la persona. Generalmente se presenta bajo la forma de hostilidad verbal, como gritos, insultos, descalificaciones, desprecios, burlas, ironías, críticas permanentes y amenazas. También se aprecia en actitudes como portazos, abusos de silencio, engaños, celotipia (celos patológicos), control de los actos cotidianos, bloqueo de las iniciativas, prohibiciones, condicionamientos e imposiciones.

2.- Acoso: se ejerce con una estrategia, una metodología y un objetivo, la víctima es perseguida con críticas, amenazas, injurias, calumnias y acciones para socavar su seguridad y autoestima y lograr que caiga en un estado de desesperación, malestar y depresión que la haga abandonar el ejercicio de un derecho o someterse a la voluntad del agresor.
Para poder calificar una situación como acoso tiene que existir un asedio continuo, una estrategia de violencia (como cuando el agresor se propone convencer a la víctima que es ella la culpable de la situación) y el consentimiento del resto del grupo familiar (auque también de amigos o vecinos) que colaboran o son testigos silenciosos del maltrato, ya sea por temor a represalias, por satisfacción personal o simplemente por egoísmo al no ser ellos los afectados.

El acoso afectivo, que forma parte del acoso psicológico, es una situación donde el acosador depende emocionalmente de su víctima, le roba la intimidad, la tranquilidad y el tiempo para realizar sus tareas y actividades, interrumpiéndola constantemente con sus demandas de cariño o manifestaciones continuas, exageradas e inoportunas de afecto. Si la víctima rechaza someterse a esta forma de acoso, el agresor se queja, llora, se desespera, implora y acude al chantaje emocional como estrategia, amenazando a la víctima con retirarle su afecto o con agredirse a si mismo, puede llegar a perpetrar intentos de suicidio u otras manifestaciones extremas que justifica utilizando el amor como argumento.

3.- Manipulación: es una forma de maltrato psicológico donde el agresor desprecia el valor de la víctima como ser humano negándole la libertad, autonomía y derecho a tomar decisiones acerca de su propia vida y sus propios valores. La manipulación hace uso del chantaje afectivo, amenazas y críticas para generar miedo, desesperación, culpa o vergüenza. Estas actitudes tienen por objeto controlar u obligar a la víctima según los deseos del manipulador.

Abandono

El abandono se manifiesta principalmente hacia los niños, adultos mayores y discapacitados, de manera general, se puede definir como el maltrato pasivo que ocurre cuando sus necesidades físicas como la alimentación, abrigo, higiene, protección y cuidados médicos, entre otras, no son atendidas en forma temporaria o permanente. El abandono también puede ser emocional, este ocurre cuando son desatendidas las necesidades de contacto afectivo o ante la indiferencia a los estados anímicos.

Abuso sexual
El abuso sexual dentro de una relación de pareja, de manera general se puede definir como la imposición de actos o preferencias de carácter sexual, la manipulación o el chantaje a través de la sexualidad, y la violación, donde se fuerza a la mujer a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad, esta última acción puede ocurrir aún dentro del matrimonio pues este no da derecho a ninguno de los cónyuges a forzar estas relaciones y puede desencadenar la maternidad forzada a través de un embarazo producto de coerción sexual.
El abuso sexual afecta también a niños y adolescentes cuando un familiar adulto o un cuidador los utiliza para obtener algún grado de satisfacción sexual. Estas conductas abusivas pueden implicar o no el contacto físico, su intensidad puede variar desde el exhibicionismo, el pedido de realizar actividades sexuales o de participar en material pornográfico, hasta la violación. Discapacitados y adultos mayores pueden verse afectados de igual forma, al ser violentados sexualmente por familiares o cuidadores sirviéndose de su incapacidad física o mental.

Abuso económico
El abuso económico ocurre al no cubrir las necesidades básicas de los miembros de la familia en caso de que esto corresponda, como con los hijos menores de edad y estudiantes, la mujer que no posee trabajo remunerado, los adultos mayores u otros miembros dependientes. También sucede cuando se ejerce control, manipulación o chantaje a través de recursos económicos, se utiliza el dinero, propiedades y otras pertenencias de forma inapropiada o ilegal o al apropiarse indebidamente de los bienes de otros miembros de la familia sin su consentimiento o aprovechándose de su incapacidad.

CONSECUENCIAS Y EFECTOS DE LA VIOLENCIA
La gravedad de sus consecuencias físicas y psicológicas, tanto para la víctima como para la familia, hacen de la violencia intrafamiliar un importante problema de salud con intensa repercusión social.

Para la víctima, las principales consecuencias a nivel físico son cefaleas, dolores de espalda, trastornos gastrointestinales, disfunciones respiratorias, palpitaciones, hiperventilación y lesiones de todo tipo como traumatismos, heridas, quemaduras, enfermedades de transmisión sexual y/o embarazos no deseados debido a relaciones sexuales forzadas, embarazos de riesgo y abortos. Las mujeres maltratadas durante el embarazo tienen mas complicaciones (hemorragias, infecciones y otras) durante el parto y post-parto y, generalmente, los bebés nacidos bajo esta situación tienden a ser de bajo peso o con trastornos que ponen en riesgo su supervivencia y con secuelas que influyen en su crecimiento y desarrollo posterior. Por lo demás la violencia puede acarrear para la víctima incluso consecuencias letales mediante el homicidio o el suicidio.

A nivel psicológico se generan efectos profundos tanto a corto como a largo plazo. La reacción inmediata suele ser de conmoción, paralización temporal y negación de lo sucedido, seguidas de aturdimiento, desorientación y sentimientos de soledad, depresión, vulnerabilidad e impotencia. Luego los sentimientos de la víctima pueden pasar del miedo a la rabia, de la tristeza a la euforia, de la compasión de sí misma al sentimiento de culpa. A mediano plazo, pueden presentar ideas obsesivas, incapacidad para concentrarse, insomnio, pesadillas, llanto incontrolado, mayor consumo de fármacos y adicciones.

También puede presentarse una reacción tardía descripta como Síndrome de Estrés Post-traumático, consiste en una serie de trastornos emocionales, que no necesariamente aparecen temporalmente asociados con la situación que los originó, pero que constituyen una secuela de situaciones traumáticas vividas, tales como haber estado sometida a situaciones de maltrato físico o psicológico. Algunos de sus síntomas son: trastornos del sueño (pesadillas e insomnio), trastornos amnésicos, depresión, ansiedad, sentimientos de culpa, trastornos por somatización, fobias y miedos diversos, disfunciones sexuales y el uso de la violencia hacia otros como con los propios hijos.

A nivel social puede ocurrir un deterioro de las relaciones personales, aislamiento social y la pérdida del empleo debido al incremento del ausentismo y a la disminución del rendimiento laboral.

Cuando la víctima sea un menor de edad, se generarán además trastornos del desarrollo físico y psicológico que pueden desembocar en fugas del hogar, embarazo adolescente y prostitución. En el ámbito de la educación aumentará el ausentismo y la deserción escolar, los trastornos de conducta y de aprendizaje y la violencia en el ámbito escolar.

Los hijos o menores que sin haber sido víctimas directas de la violencia la han presenciado como testigos sufrirán de igual forma riesgos de alteración de su desarrollo integral, sentimientos de amenaza (su equilibrio emocional y su salud física están en peligro ante la vivencia de escenas de violencia y tensión), dificultades de aprendizaje, dificultades en la socialización, adopción de comportamientos violentos con los compañeros, mayor frecuencia de enfermedades psicosomáticas y otros trastornos psicopatológicos secundarios.

A largo plazo estos menores presentarán una alta tolerancia a situaciones de violencia y probablemente serán adultos maltratadores en el hogar y/o violentos en el medio social ya que es el comportamiento que han interiorizado como natural en su proceso de socialización primaria, lo que llamamos violencia transgeneracional.

En otros ámbitos de la realidad social los modelos violentos en el contexto privado generan un problema de seguridad ciudadana, al aumentar la violencia social y juvenil, las conductas antisociales, los homicidios, lesiones y los delitos sexuales. La economía se ve afectada al incrementarse el gasto en los sectores salud, educación, seguridad y justicia y al disminuir la producción.

Para el agresor las principales consecuencias serán la incapacidad para vivir una intimidad gratificante con su pareja, el riesgo de perder a su familia, principalmente esposa e hijos, el rechazo familiar y social, aislamiento y pérdida de reconocimiento social, riesgo de detención y condena, sentimientos de fracaso, frustración o resentimiento y dificultad para pedir ayuda psicológica y psiquiátrica.

Los efectos de la violencia pueden ubicarse en 6 (seis) niveles de acuerdo a la combinación de dos variables: el nivel de amenaza percibido por la persona agredida y el grado de habitualidad de la conducta violenta (Sluzki, C., Violencia Familiar y Violencia Política, Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad. Paidós, Buenos Aires, 1995.), estos son:
• Disonancia cognitiva
• Ataque o fuga
• Inundación o Parálisis
• Socialización cotidiana
• Lavado de cerebro
• Embotamiento o Sumisión

Disonancia cognitiva: Ocurre cuando se produce una situación de violencia de baja intensidad en un contexto o en un momento inesperado (como la luna de miel). La reacción es de sorpresa, de imposibilidad de integrar el nuevo dato a la experiencia propia.

Ataque o fuga: Ocurre cuando se produce una situación de violencia de alta intensidad de un modo abrupto e inesperado. En estos casos se desencadena una reacción psicofisiológica de alerta, pudiendo reaccionar con una posición defensiva, escapándose del lugar; u ofensiva, enfrentando la amenaza. La sorpresa obra a modo de disparador de conductas.

Inundación o Parálisis: Ocurre cuando se produce una situación de violencia extrema, que implica un alto riesgo percibido para la integridad o la vida. La reacción puede incluir alteraciones del estado de conciencia, desorientación y ser el antecedente para la posterior aparición del Síndrome de Estrés Post-traumático. Frecuentemente las víctimas relatan esta experiencia de paralización frente a situaciones tales como amenazas con armas, intentos de estrangulamiento o violación marital.

Socialización cotidiana: Ocurre cuando las situaciones de maltrato de baja intensidad se transforman en habituales, se produce el fenómeno de la naturalización. Las víctimas, principalmente mujeres, se acostumbran a que no se tengan en cuenta sus opiniones, que las decisiones importantes las tome el hombre, a ser humillada mediante bromas descalificadoras, etc., pasando todas estas experiencias a formar parte de una especie de telón de fondo cotidiano que tiene efecto anestesiante ante la violencia.

Lavado de cerebro: Cuando las amenazas, coerciones y mensajes humillantes son intensos y persistentes, la víctima suele incorporar esos mismos argumentos y sistemas de creencias como un modo defensivo frente a la amenaza potencial que implicaría defenderse o refutarlos, cree que la obediencia automática la salvará del sufrimiento. Llegado a este punto, asume y puede repetir ante quien intente ayudarla, que ella tiene toda la culpa, que se merece el trato que recibe, etc.

Embotamiento o Sumisión: Cuando las experiencias aterrorizantes son extremas y reiteradas, el efecto es un "entumecimiento psíquico" en el que las víctimas se desconectan de sus propios sentimientos y se vuelven sumisas al extremo. En estos casos, la justificación de la conducta del agresor y la auto inmolación alcanzan niveles máximos.
En todos los casos los efectos de la violencia intrafamiliar están acompañados por la sintomatología descrita a nivel físico y psicológico, siendo visibles estas consecuencias a través de los indicadores o señales de maltrato.

MEDIDAS DE PROTECCIÓN
La mejor y primera medida que debería tomar cualquier persona para protegerse y evitar un nuevo incidente de violencia intrafamiliar es denunciar el hecho. La ley está para ayudarle, generalmente el juez podrá ordenarle al agresor que abandone la casa, el pago de pensión alimenticia temporal para sus hijo(as) y otras medidas que evitarán que el agresor se le acerque.
Sin embargo, si no se siente preparada la persona sujeta a violencia o existe alguna otra razón que siente le impiden abandonar a su agresor, hay ciertas acciones factibles de realizar para poner a esta y a su familia a salvo. Para minimizar las consecuencias debe preparar algunas condiciones de seguridad y actuar de acuerdo a un plan de acción ante un incidente violento.

Condiciones de seguridad
Las siguientes son las condiciones de seguridad que se deben adoptar:

Tratamiento de armas: Primeramente de manera muy cuidadosa sacar de casa cualquier arma que allí se encuentre, entregándola a la policía argumentando el temor a su seguridad o, como último recurso, esconderla o enterrándola asegurándose que no sea encontrada por terceros o por el agresor, evite entregarla a otra persona o familiar pues lo involucraría en un acto ilegal al no poseer los permisos correspondientes para la posesión. Nunca se quede con el arma para su propia defensa ya que el agresor podría arrebatarla y usarla en su contra o, de acuerdo a sus consideraciones morales, quizás usted no sea capaz de utilizarla y si lo hace puede tener consecuencias psicológicas aún más graves que la misma violencia, además legalmente no sería considerado como legítima defensa sino como un acto premeditado.

Números telefónicos: Memorizar los números de teléfonos de emergencia y de familiares, no es conveniente que los grabe o escriba en los teléfonos de la casa pues su agresor podría detectarlos, sospechar y desencadenar una agresión.

Aspectos de seguridad: Instalar, en al menos una habitación, una cerradura o chapa que pueda cerrarse por dentro. Asegúrese de que esta habitación tenga teléfono o, preferentemente, obtener un teléfono móvil (celular) y mantenerlo siempre consigo. Instalar nuevas cerraduras cuando el agresor no se encuentre en el hogar, tratando que sean semejantes, por ejemplo en el color, a las que ya se posee, de esta manera quizás él no se percate del cambio y así se tendrá un factor sorpresa a favor.

Equipaje de emergencia: Preparar un bolso o maleta con al menos una tenida o muda de ropa y zapatos, incluir copias de documentos importantes como los de identidad de la victima y sus hijos, certificados de nacimiento y cuenta bancaria, si posee algún vehículo guarde también una copia de la llave, no olvidar incluir dinero en efectivo, las direcciones y teléfonos de familiares y amigos, ni cualquier otra cosa que pueda ser de utilidad o importancia en caso de tener que salir rápidamente (como medicamentos de los que pueda depender). Guardar el bolso en un lugar seguro fuera de su casa, de preferencia en el mismo que seleccionará como refugio temporal.

Refugio: Identificar un lugar a donde ir en caso de que tenga que escapar. La casa de un familiar o amigo(a) de extrema confianza puede servir para este propósito, evitar seleccionar los hogares de amigos o conocidos que tengan en común con su agresor. Una vez identificado el lugar converse y acuerde con el anfitrión de su refugio temporal (mientras se obtiene refugio y atención legal) métodos de comunicación, horarios y otros para evitar descoordinaciones.

Ruta de escape: Identificar las ventanas y puertas por las que sea factible salir de su casa, luego planificar más de una ruta de escape, así evitar improvisar en caso de que el agresor bloquee alguna salida.

Coordinación vecinal: Si se confía en algún o algunos vecinos, tanto como para estar segura de que no le contarán a su agresor, coordinar con ellos señales o claves que le indiquen cuando llamar a la policía como determinada posición de las cortinas, luces encendidas o pídales directamente que llamen a la policía si escuchan gritos o peleas.

Enséñele a sus hijos e hijas: Preocúpese de enseñarle a sus hijos e hijas, e incluso a familiares dependientes o semidependientes que vivan con usted, a no interferir en una pelea, ponerse a salvo, llamar a la policía y dar su dirección y número telefónico.
Todas las anteriores son las condiciones de seguridad que se deben procurar cumplir para que el siguiente plan de acción sea efectivo.
Cuando se comience a ser amenazada, atacada o cuando la agresión sea inminente debe comenzar a poner en práctica las siguientes acciones:

Aléjese de la cocina: Como primera acción aléjese de la cocina y/o muebles donde se guardan cuchillos pues estos pueden ser utilizados como armas.

Aléjese de los espacios cerrados: De igual forma debe alejarse de baños, armarios, áreas con superficies peligrosas y poco espacio o habitaciones pequeñas donde le puedan atrapar.

Corra y escape: Corra sin dirigirse hacia donde están los niños ni otros familiares dependientes o semidependientes que vivan con usted, ya que pueden terminar siendo agredidos también. Gríteles para alertarlos y utilice inmediatamente la ruta de escape previamente planificada, si no puede porque esta ha sido bloqueada, rápidamente diríjase a la habitación donde haya colocado cerraduras o chapas y enciérrese, si la habitación tiene una ventana, escape o grite para pedir ayuda. Si puede evite huir sin los niños, ya que pueden usarse para el chantaje emocional.

Llame a la policía: Tome el teléfono o su teléfono móvil (celular), si el agresor ha cortado la línea telefónica, y llame a la policía, pida y anote o memorice el nombre de la persona que le ha atendido. Cuando acuda la policía cuente lo sucedido y tome el nombre y número de la insignia o placa del agente.

Si todo ha fallado, usted está siendo golpeada y no puede escapar, póngase en una esquina contra la pared y agáchese, acerque la cabeza lo más posible a las rodillas y protéjase la cara y cabeza con las manos y brazos, utilice los codos para cubrir las costillas, al estar contra la pared podrá proteger su espalda, parte trasera de las costillas y órganos como los riñones, ante la menor oportunidad corra y ejecute el plan de acción.

Si ha sido víctima de maltrato físico, busque ayuda médica y denuncie el hecho en cuanto reciba atención, tómese fotos de las heridas o lesiones que tenga. Es muy importante, de cara a futuras actuaciones, que queden formalmente denunciados los hechos. No utilice estas medidas para enfrentar reiteradas agresiones, en general solo podrá ponerlas en práctica una vez, en la próxima ocasión el agresor conocerá su modo de operar y se adelantará a sus acciones.

Si se ha separado de su agresor aún debe mantenerse alerta, cambie las cerraduras de las puertas y ventanas de su casa, de ser posible instale rejas. Cancele cualquier cuenta bancaria o tarjeta de crédito que tenga en conjunto con él. Cambie su número de teléfono, asegúrese de que permanezca como privado y no sea publicado en las guías telefónicas, utilice un identificador de llamadas (caller-id) y una máquina contestadora para grabar los mensajes, revise las llamadas antes de contestar. No olvide preparar las condiciones seguridad y su plan de acción pues podría necesitarlo si el agresor irrumpe en su hogar. Aunque nunca es recomendable enfrentarse a una persona violenta podría tomar un curso de defensa personal, que además le ayudará a mejorar o conservar su estado físico, mejorar su autoestima y confianza en si mismo y liberar el stress.

Si tiene hijos asegúrese de entregar en la escuela una foto del agresor e instrucciones para que el personal no entregue a nadie su dirección o numero de teléfono, deje por escrito los nombres de las personas autorizadas para recoger a sus hijos(as) y asegúrese de que sepan a quien informar si ven al agresor en la escuela.

Cuando se encuentre fuera de casa cambie regularmente su rutina de viaje, haga compras, pagos y transacciones bancarias en distintos lugares. En su lugar de trabajo converse previamente con su empleador y entregue al personal de seguridad y compañeros más cercanos una foto del agresor, cuando salga ya sea a almorzar, a su auto o al transporte pública vaya siempre acompañada. Si el abusador le llama al trabajo guarde los mensajes y cualquier correo electrónico.
Cuando acuda al tribunal vaya en compañía de un familiar o amigo cercano, no lleve a sus hijos. Tome asiento lo más lejos posible del agresor, no converse con él ni con familiares o amigos que pudieran estar acompañándolo. Asegúrese de mostrar al juez y/o al fiscal, directamente o a través de su abogado, las fotos de sus heridas o lesiones, certificados médicos y lista de testigos. Tenga presente que no necesariamente se privará al agresor de visitar a sus hijos, exija por su seguridad que las visitas sean supervisadas y que le notifiquen antes de que lo dejen en libertad. Al retirarse hágalo por una puerta distinta o espere para no hacerlo de manera simultánea.

En aquellos casos en que la víctima sea hombre, si bien goza de los mismos derechos y garantías legales, por ser una situación excepcional es recomendable que además de lo anterior, el agredido: Guarde siempre un registro con las fechas y las circunstancias de incidentes de violencia, señale siempre la violencia a su médico y a la policía, asegurándose de que registren sus lesiones y todos los detalles del acto violento; busque siempre la atención médica en un hospital para constatar lesiones y, fundamentalmente, evite en todo momento actuar o defenderse de manera violenta ante una agresión.

DENUNCIA y LEGISLACIÓN
Durante el proceso para escapar de la violencia intrafamiliar, toda víctima necesitará ejercer libremente sus derechos. Es muy posible que el agresor intente mentirle respecto a ellos haciéndole creer que puede utilizar alguna legislación en su contra. En otras ocasiones, serán terceros (incluso algunos cuyo trabajo consiste precisamente en ayudarla) los que, principalmente por ignorancia, no los respetarán o abiertamente pretenderán violarlos. Si se llegara a encontrase en esta situación es muy importante no se de por vencida, no se culpe y busque la ayuda de otras personas, pues también existen los(as) que tendrán la mejor voluntad para luchar firmemente por sus derechos.

Todos y todas tenemos derecho a vivir libre de violencia y amenazas, pero para ejercer y defender estos y otros derechos se deben conocer las leyes que los regulan y resguardan, esto es una obligación.

Por otra parte el error sobre el conocimiento de las leyes (noción falsa o idea equivocada acerca del derecho) puede producir iguales consecuencias a la ignorancia, por esto cualquier víctima de violencia intrafamiliar que llegase a encontrar confuso el lenguaje legislativo no debe desanimarse sino consultar sus dudas.
Los ciudadanos en general, sin llegar a "saber", deben "conocer" el derecho para operar eficazmente en la trama de relaciones jurídicas de la sociedad organizada. Al conocer, se hacen conscientes de sus posibilidades y limitaciones y acceden a la oportunidad de actuar en función de ellas. Conocer, entonces, se constituye en un factor de poder; si el conocimiento es poder, el conocimiento jurídico es poder jurídico.

Conocer la ley le permitirá como víctima citarla ante los profesionales competentes (policías, abogados, asistentes o trabajadores sociales, etc.) y entregarles un claro mensaje de que, aún cuando han sido violentados, conoce sus derechos y los toma muy seriamente. No ignore la promoción y conocimiento de estos mismos temas, con esto se informará de fuente directa sobre la política del Estado contra la violencia intrafamiliar y los hechos que legalmente la constituyen, las sanciones que corresponden al agresor, las medidas de protección inmediata que le pueden favorecer, los procedimientos necesarios para interponer las denuncias, entre otros.

El proceso para escapar de la violencia intrafamiliar requiere necesariamente de una etapa legal la cual se inicia con la denuncia de los hechos. La denuncia deberá contener siempre un relato detallado de lo acontecido así como de experiencias anteriores, además de la identificación clara del agresor. En los casos en que la víctima huya del hogar para su protección, la denuncia es imperativa pues deberá expresar claramente que esta medida respondió al peligro que corría su integridad física y que no constituye por tanto abandono del hogar.

En general la víctima de violencia intrafamiliar siempre podrá efectuar una denuncia y resguardarse ante la autoridad policial, quienes la remitirán al juzgado o autoridad competente.

En nuestro Estado de Guanajuato, todo proceso legal relativo a violencia intrafamiliar se realizará de acuerdo a la siguiente legislación, recuerde que conocerla es también su responsabilidad, no solo de abogados(as) y jueces(as):

Decreto Nº 182, Ley para la Asistencia, la Prevención y la Atención de la Violencia Intrafamiliar.
Decreto Nº 341, Código Penal para el Estado de Guanajuato (Extracto de artículos referentes a Delitos contra la Familia).

***El contenido del artículo es absoluta responsabilidad del autor, y no refleja, necesariamente, la opinión de la Escuela de Derecho o Universidad de la Salle.

 

 

La revista Ex Lege es una publicación trimestral, que contendrá interesantes secciones, como las dedicadas a las aportaciones de docentes, alumnos y autores invitados, así como espacios para ponencias, conferencias, entrevistas y noticias.