|
¿Te has preguntado, qué pasaría si supieras cómo argumentar tus pensamientos de tal manera que cualquier cosa que manifestaras tuviera el poder de convencer a la persona común, o al auditorio, o a la autoridad que te escucha?
La argumentación, es un arma valiosa para cualquier persona que quiera convencer a su oyente, pero lo es aún más para el abogado que ambiciona conquistar a su favor el veredicto del togado que le presta su atención.
Lograr el objetivo, ganar un caso por más difícil e inalcanzable que parezca, es posible siguiendo un método argumentativo bien estructurado, ordenando de manera lógica las ideas, propiciando así un resultado eficaz a la hora de exponer y fundamentar aquello que defendemos.
De lo anterior se desprende la importancia de mencionar la asignatura de Hermenéutica Jurídica y Argumentación que mis compañeros y yo hemos recibido durante este semestre y en la cual, nuestro catedrático nos ha proporcionado los requisitos para formular una infalible argumentación, el maestro nos ha advertido sobre lo vital que resultan estos aspectos a la hora de construir una argumentación ya sea del particular u oficial; el argumento debe de estar fundado (que la ley nos lo proporcione), motivado (que se explique el por qué), deber de ser operante (es decir, que sirva para resolver el problema) y que sea suficiente (que con lo que se presenta no se necesita nada más), se nos ha señalado que si observamos de manera estricta los anteriores requisitos tendremos a nuestro favor un argumento bien estructurado el cual nos facilitará la construcción de buenas razones y que, aún con falta de pruebas, seamos capaces de hacer que la persona a la que se quiere persuadir y convencer admita nuestras ideas.
Estimo que cualquier estudiante de derecho que sea aspirante a litigante debe de considerar como una de sus principales preocupaciones dominar el aspecto argumentativo, que, sabiendo cómo utilizarlo correctamente se torna indefectible a favor de quien lo aplique logrando convencer al auditorio, impregnarlo de sus ideas y volverlo a su favor.
Para lograr ser poseedor de una buena argumentación, son necesarios tener como base otros conocimientos; el abogado debe ser conocedor de la lógica jurídica, debe ser capaz de adecuar las premisas y la conclusión, consiguiendo así un razonamiento en pro a lo que expresa, dando la explicación y el por qué de sus palabras, justificado y enfocándose al convencimiento de aquello que está afirmando o negando.
El alumno de derecho debe de otorgarle el valor suficiente al estudio de formulación de argumentos considerando que serán uno de sus instrumentos principales en el desarrollo de su vida profesional, teniendo plena conciencia que de la buena argumentación dependerá su capacidad de resolver problemas.
Habilidad, el propio criterio, un pensamiento perspicaz, prudente y eficiente es lo que debe de desarrollar el alumno de lo jurídico a lo largo de su estudio para que, además del apoyo de las leyes y de la doctrina, sea capaz de fundar y motivar lo que afirma o niega.
Me resulta de interés particular destacar la importancia de la argumentación en la vida del abogado, con esta última frase:
“Como el bisturí es al doctor, la regla T al arquitecto, la pluma al escritor, la palabra al orador; la argumentación es al abogado”.

