
Artículo Realizado Por: Lucero Lizet Ibarra Galván.
Alumno de la Facultad de Derecho.
Universidad De La Salle Bajío. A.C.
Revisado por: Dra. Martha Alicia De J. Velázquez Hernández.
Imagen tomada de: www.informador.com.mx
El presente artículo tiene como objetivo principal, centrar nuestra atención en el tema de los Derechos Humanos de las mujeres indígenas en nuestro país, tema que siempre debió ser relevante, pero que actualmente toma mayor interés por el hecho de las continuas reformas a las leyes, incluso la Constitución y la incorporación de México a nuevos Tratados Internacionales que resultan benéficos en materia de derechos humanos, si bien vamos concentrarnos en este tema, es importante resaltar cuáles son las condiciones de la mujer indígena en nuestro país, por que vale la pena hacer un breve análisis de cuál ha sido su evolución a través del tiempo, ya que presenta una relevancia muy anclada en nuestros orígenes y cuenta con un contexto histórico amplio.
El proceso histórico que se ha presentando en la mujer indígena no sólo en México sino en toda Latinoamérica, es totalmente distinto a la perspectiva que se tenía en el continente Europeo puesto que no se manejó el mismo proceso de formación social saltándote varias etapas y se pasó directamente al modo de producción comunal-tributario, este modo de producción se presentó principalmente en las comunidades incas y aztecas, y es aquí donde comienza la historia de etnia, sexo y clase de la mujer indígena. Sería complicado comprender la historia de la opresión de la mujer sin antes realizar un análisis sobre la variable étnica, pues de ahí surge la matriz societaria que determina las etnias indígenas y posteriormente sus respectivos mestizajes.
Las características de la mujer pertenecientes a las etnias indígenas se prolongó desde la época prehispánica hasta nuestros días, además son de suma importancia para entender el papel de la mujer en la historia de México y Latinoamérica, realzando ciertos rasgos característicos como lo son sus costumbres, su moral, su participación en el trabajo de la comunidad aborigen e inclusive la prolongación de las costumbres en su descendencia y sobre todo su particular forma de subordinación al hombre.
Existen infinidad de estudios sobre la sociedad prehispánica que tienen como propósito explicar el papel de la mujer en esa época, buscando las respuestas a sus interrogantes, dichas investigaciones versan primordialmente en la formación económica y social, abordando de manera significativa los aspectos relevantes como la ideología, política, cultura, social, moral, etc. Es posible percibir que aquellos investigadores que se adentraron en este tipo de análisis, presentan ciertas divergencias al interpretar el papel de la mujer, pues para algunos la condición la mujer de esos tiempos se basaba en una vida privilegiada, que ocupaba un lugar prominente en su sociedad, tratadas con deferencia y consideración ya que recibían por parte de su madre una esmerada educación basada en la honestidad y recato, esta visión se impregna de un romanticismo que idealiza a la mujer indígena bajo la castidad, la dulzura y el recato como los principales pilares en los que habría de estar regida su vida. Mientras que para otros historiadores la vida de las mujeres estaba llena de sumisión en relación al hombre, es imposible no percibir la desigualdad de género, ya que el desarrollo de la mujer estaba limitado por la moral y la vida hogareña con la que se le hacía crecer y los límites que se le establecían en su rol, que se consideran hasta cierto punto intransigentes, siendo sometidas bajo los medios de control implementados por una sociedad dominada totalmente por el hombre, en la que no había otra opción mas que subordinarse bajo una condición de marginación, explotación y sumisión que aceptaba de manera abnegada y sin reclamo alguno. Durante la época colonial se consolidó el mestizaje, al mismo tiempo que se aceleraba el tránsito a ese régimen en las comunidades aborígenes.
La época colonial trajo consigo implantación del patriarcado, con su ideología consiguiente, fue un factor decisivo en el proceso histórico de opresión de la mujer, ya que cruzó todas las estructuras sociales. Cuando los españoles y portugueses invadieron América, la mayoría de las culturas indígenas atravesaban un proceso de transición a un patriarcado sui generis, como resultado de esto se siguió imponiendo la falacia de que las funciones de la mujer eran especialmente aquellas que se dedicaran al hogar, ya que eran el producto de una condición natural, como resultado de un largo proceso de condicionamiento cultural, con poca evolución en beneficio del rol femenino, la secuencia de esta ideología, extraña a las mujeres indígenas, fue implantada de manera exógena por los conquistadores, que transmitieron el tipo de familia patriarcal de transición del feudalismo al capitalismo mercantilista, propio de la Europa de los siglos XVI al XVIII.
Durante este período el trabajo desempeñado por las mujeres indígenas, negras, mestizas se vio reflejado en la prestación de servicios para las clases sociales consideradas como superiores. Las mujeres indígenas, doblemente afectadas por el sistema de tributación, tenían que producir un excedente para pagar dicho tributo, ya que la mayoría de los hombres debía realizar forzosamente trabajos en las encomiendas de las minas y haciendas; además, las mujeres tenían que reproducir la fuerza de trabajo que se apropiaban los conquistadores y generar valores de uso para el autoconsumo familiar y comunal, produciendo un excedente para dar cumplimiento al pago del tributo. Al institucionalizarse el régimen de mita las comunidades indígenas perdieron gran parte de sus miembros varones, por lo que la mujer se vio obligada a suplir esa fuerza de trabajo con su propio esfuerzo.
Sin embargo la mujer indígena no sólo era explotada laboralmente, también fue explotada sexualmente por los conquistadores, que se apropiaron así́ de su capacidad reproductora, perdiendo paulatinamente su capacidad erótica en esta función sexual-reproductora, separada del placer. Este proceso es medular para comprender por qué́ la mujer, especialmente mestiza, aceptó a lo largo del tiempo la subordinación en ese y otros planos de la existencia, fenómeno castrador que ha devenido en despersonalizacióń o pérdida de identidad. Estos son algunos de los antecedentes que se tienen de la explotación y violaciones a los derechos humanos del sector femenino en las distintas comunidades indígenas de nuestro país, no es complicado darse cuenta que siempre ha existido un conflicto y lucha por la desigualdad que existe en el papel de la mujer indígena, aún en la actualidad se siguen presentando situaciones como las que ya antes fueron mencionadas, sin embargo, no podemos ignorar el hecho de que muy a pesar de la condición de pobreza, la explotación doméstica, la desigualdad de género e incluso la violencia sexual, muchas mujeres no se resignaron a su situación y lucharon por un cambio.
La vulneración y violación de los derechos fundamentales en contra de las mujeres pertenecientes a las comunidades de índole indígena, no es un tema precisamente de actualidad, sino que se ha dado a lo largo del tiempo, algunas veces ignorándolo por completo otras prestando un poco de atención, porque no nos afecta o no nos concierne directamente, pero ellas, que son las principales afectadas por su condición femenina y por los factores asociados que exacerban en la discriminación, como la violencia sexual o la explotación laboral en roles considerados femeninos y la extrema pobreza, están haciendo ruido con su voz y poco a poco han logrado generar ciertos cambios.
Ellas, que son excluidas y discriminadas por el solo hecho de ser indígenas o por el solo hecho de ser mujeres, con frecuencia son víctimas de sus propios sistemas sociales; sistemas de políticas sociales retrógrados, que en la actualidad continúan siendo incipientes en cuanto a la equidad de género por la falta de información, desagregada y limitada de las deficientes acciones públicas, quedando a la deriva bajo los interés de los hombres y el Estado, que en muchas ocasiones les generan una desprotección a través de fenómenos específicos, principalmente por vía del principio de igualdad o la eficacia simbólica de la transversalización de perspectiva de género provocando una disyuntiva de la triple condición de vulnerabilidad. Es importante destacar que esta problemática desde el punto de vista social y jurídico, este último como punto de partida crucial en relación a la legislación de nuestro país y tratados internacionales de los que México sea parte, ya que las mujeres indígenas están protegidas bajo la normas internacionales sobre derechos humanos, del ordenamiento jurídico nacional y por ordenamientos jurídicos o prácticas locales. Para hablar de la situación de las mujeres indígenas en México, sería necesario recordar que a pesar de que estamos en el siglo XXI, y que después de varios años se ha logrado la Legislación Indígena, esta no cumple ni con los mínimos a los que aspiraban las comunidades indígenas, ni la comunidad de los derechos humanos, ni los juristas progresistas, comprometidos con el avance de las ciencias jurídicas. Por lo que deben existir diversos ordenamientos, la aplicación de las normas, su eficacia o puesta en obra, puede hacerse más compleja por las relaciones entre estos, por lo cual considero que es sustancial una observación y comparación minuciosa de dichos instrumentos normativos, para identificar las carencias legislativas que propician una afectación.
México es un país rico en diversidad cultural y pluricultural pero es una desgracia que se vea opacado por la gran diferenciación social y económica, las situaciones de esta índole en los pueblos indígenas son a mi parecer de carácter alarmante, ya que a pesar de ser una sociedad que aparentemente damos gran importancia a los derechos humanos en general, en los pueblos indígenas, especialmente en lo que hace a las mujeres, tales derechos siguen siendo violados y aún en la actualidad carecemos de acciones y políticas públicas integrales que mejoren fervientemente la perspectiva social, que contemplen la realidad de la problemática presentada en las comunidades indígenas en México y la enfrenten tal cual.
Hoy en día es bastante común encontrar trabajos de investigación relacionados con los Derechos Humanos, pero muy pocos que aborden el tema específico de los derechos humanos de las mujeres indígenas, mujeres que han vivido por siglos bajo el rezago social y económico, sufriendo de enormes carencias y necesidades no satisfechas, quedando al margen de los avances tecnológicos, socioeconómicos, generando un estado de vulnerabilidad; muchas veces incomprendidos y no considerados bajo las normas u ordenamientos jurídicos nacionales o locales, ¿qué trae esto como consecuencia?, resultados trágicos, violencia física y psicológica, altos índices de discriminación, incluso la pérdida de la vida,
Para dar fe a esto cito textualmente la declaración de una mujer indígena, que de viva voz ante el Congreso de la Unión pronuncio algunas de las carencias que presentan las mujeres de origen indígena y que es una prueba fehaciente de lo crítica que es esta situación.
"Mi nombre es Esther, pero eso no importa ahora. Soy zapatista, pero eso tampoco importa en este momento. Soy indígena y soy mujer, y eso es lo único que importa ahora... No contamos con los servicios de agua potable, luz eléctrica, escuela, vivienda digna, carreteras, clínicas, menos hospitales... Principalmente las mujeres son ellas las que sienten el dolor del parto, ellas ven morir a sus hijos en sus brazos por desnutrición, por falta de atención, también ven a sus hijos descalzos, sin ropa por- que no alcanza el dinero para comprarles... También sufrimos el desprecio y la marginación desde que nacemos, porque no nos cuidan bien. Porque somos niñas, piensan que nosotras no valemos, no sabemos pensar, ni trabajar, cómo vivir nuestra vida, por eso muchas mujeres somos analfabetas, porque no tuvimos oportunidad de ir a la escuela. Ya cuando estamos un poco grandes, nuestros padres nos obligan a casarnos a la fuerza, no importa si no queremos, no nos toman consentimiento, abusan de nuestra decisión, a nosotras como mujeres nos golpean, nos maltratan por nuestros propios esposos o familiares, no podemos decir nada porque nos dicen que no tenemos derecho de defendernos... nosotras las mujeres indígenas no tenemos las mismas oportunidades que los hombres... como que no somos seres humanos, sufrimos la desigualdad."
Sin embargo en contra de estas violaciones a los derechos humanos y vulneración de las garantías individuales hay puntos a favor como los son los instrumentos jurídicos que tienen obligatoriedad a nivel internacional, ejemplo de ellos, los tratados y las convenciones ratificadas por el gobierno que se deben respetar, por lo cual es importante realizar una meticulosa comparación normativa internacional, constitucional, federal y local.
La realidad de la mujer indígena vale la pena exhibirla, pues en los foros de consulta, universitarios, de las asociaciones u organismos de diferente índole se lucha por la dignidad de las mujeres y en la ciudades olvidamos el triste papel de la mujer indígena que vive en estado de pobreza extrema, falta de educación, de servicios mínimos, de apoyo jurídico, debiendo seguir un rol de depreciación ante la fortaleza masculina, basta adentrarse a las comunidades indígenas como San Cristóbal de la Casas en Chiapas, para observar la situación en la que viven, o bien, aquí mismo en nuestro estado en que son explotadas con sus trabajos artesanales o trabajando en el servicio doméstico con salarios sumamente bajos, son actos que se repiten constantemente y que parece que no tienen fin, la mujer indígena es una ser humano que requiere la atención de la sociedad, en este caso la nuestra.
La violación de los Derechos Humanos a las mujeres indígenas es un tema de especial interés el cual debería erradicarse por completo, pues es inquietante que éste sector de la población, distribuido en las diversas regiones del país se encuentre tan desfavorecido, sufriendo de una doble discriminación, la primera se da por su propia condición indígena y las segunda por el hecho de ser mujeres, en base a esto creo que deberíamos hacer énfasis en satisfacer las necesidades de la población indígena procurando el alcance de la equidad de género como requisito indispensable y el desarrollo de políticas tendientes a un desarrollo sustentable de vida dirigidas a este segmento de le población.
- Palabras pronunciadas por Esther el 28 de marzo de 2001 ante el Congreso de la Unión.1
1 Rovira, octubre de 2001.
BIBLIOGRAFÍA:
BERNARDINO DE SAHAGÚN, Fr., Historia General de las Cosas de la Nueva España, Editorial Porrúa, Colecc. Sepan Cuanto, México, 1999.
TUÑÓN, PABLOS, Julia, Mujeres en México, una historia olvidada, Editorial Planeta, México, 1987.
SOUSTELLE, Jacques, La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista”, segunda edición, séptima reimpresión, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1984.
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