
Articulo Realizado Por: Lic. Bertha del Rosario Espino Ledesma.
Catedrático de la Facultad de Derecho
Universidad De La Salle A. C.
Imagen tomada de: educandohoyenvalores.blogspot.mx
El conflicto es como el agua. Si existe demasiada provoca inundación, pero si no existe provoca sequía, en la que nada nuevo nace.
Caty Constantino
INTRODUCCIÓN
La sociedad actual presenta una realidad compleja en la que las relaciones de convivencia a nivel social, familiar, laboral, escolar, etc., han sufrido variaciones muy profundas y rápidas en las últimas décadas. Hay situaciones específicas que nos han llevado a una convivencia no pacífica; la interculturalidad, la violencia, el acoso moral, las nuevas tecnologías, las nuevas posibilidades educativas, los cambios en la estructura familia, son parte de nuestro entorno cotidiano. “La complejidad de las relaciones interpersonales actuales genera conflictos de cuya gestión y resolución, dependerá la existencia de adecuados climas de convivencia.”
Las maneras tradicionales de regulación de la convivencia no parecen ser suficientes ante la diversidad de visiones en una situación de conflicto. Esto nos hace buscar nuevas formas de resolución de conflictos, entre las que destaca la mediación, entendida como una estrategia aplicable en situaciones en las que las partes han llegado a un punto donde la comunicación entre ambas está bloqueada y, por tanto, se dificulta resolver las desavenencias por medio de la negociación directa. De tal manera, se hace necesaria la intervención de una tercera persona neutral, esto es, el mediador que garantice que las partes se comuniquen con respeto en un ambiente de libertad.
Aunque la mediación se ha incorporado paulatinamente en diversos ámbitos de nuestro entorno, consideramos que se le ha puesto énfasis principalmente en la consecución del acuerdo y en la terminación del conflicto, pero nosotros consideramos que su valor principal se encuentra en que puede ser un instrumento muy valioso para la educación para la paz.
DESARROLLO
La palabra conflicto viene del latín conflictus, que es un compuesto del verbo fligere, que significa chocar. Según el diccionario Larousse, conflicto es un choque, un combate; una lucha o antagonismo. Es una situación en la que dos o más personas entran en oposición o desacuerdo porque sus posiciones, intereses, necesidades, deseos o valores son, pueden ser o parecen ser incompatibles, y donde las emociones y sentimientos juegan un papel muy importante, por lo que la relación entre dichas partes puede salir robustecida o deteriorada en función de cómo se dé el proceso de evolución.
Marinés Suárez define el conflicto como “Un proceso interaccional, que como tal nace, crece, se desarrolla y puede a veces transformarse, desaparecer y/o disolverse, y otras veces permanecer estacionario; que se co-construye recíprocamente entre dos más partes, (entendidas como personas, grupos grandes o pequeños, en cualquier combinación), en el que dominan las acciones antagónicas sobre las cooperativas, (pudiendo llegar este antagonismo hasta la agresión mutua), donde las personas que intervienen lo hacen como seres totales con sus acciones, pensamientos, afectos y discursos”.
Los conflictos son formas de interacción social que implican la presencia de por lo menos dos partes y que tienen su origen en una diferencia, real o aparente, de intereses, deseos o aspiraciones que se presentan como incompatibles y que llevan a los participantes a enfrentarse en el intento de lograr su objetivo. Es decir, los conflictos se componen de las acciones de dos o más partes que guardan alguna relación entre sí y que contienden por el control de bienes o materiales escasos o de recursos simbólicos (tales como la fama, el prestigio, el honor, etcétera).
Cada persona, de acuerdo a su historia personal y a la situación que vive en cada momento tiene una forma diferente de percibir, interpretar y reaccionar ante la realidad. Los conflictos se originan precisamente por esa diferencia y cuando se amenaza algo importante. El adversario no es solamente la otra parte, sino los propios motivos.
El conflicto es algo inevitable en cualquier ámbito en el que se relacionan personas. Es una faceta presente en la existencia humana y no es sorprendente que aparezca en todos los niveles del funcionamiento social y, en todo tipo de sociedad, pasada o actual.
En todo conflicto se identifican tres elementos:
• las actitudes y las presunciones, que son a los sentimientos, presunciones y percepciones de las partes respecto a la otra, como la ven y como se ven ellos, producto de su historia de vida;
• la conducta que es la respuesta hacia el otro, la forma en que se interactúa,
• la contradicción que es el desacuerdo u oposición que se tiene con el otro.
De dichos elementos, solo la conducta es visible; los otros dos elementos no son perceptibles. Galtung grafica de la siguiente manera:
Triangulo de Galtung
Tradicionalmente, se ha considerado al conflicto como una disfunción social, es decir, como una desviación del estado normal de las actitudes y comportamientos humanos que puede y debe ser eliminada a través de diferentes medios: educación, formación, normas, etc. Aunque generalmente se considera al conflicto como negativo, perjudicial o dañino, lo cierto es que es un hecho natural en todas las relaciones humanas y que representa oportunidades de mejora o cambio. “Los conflictos se presentan con una doble cara: en una de las caras se reflejan los costes (emocionales, relacionales, destructivos) y en la otra cara una catarata de oportunidades (creatividad, estímulos, desarrollo personal). Dicho de otro modo, el conflicto puede orientarnos y conducirnos hacia una comunicación más abierta, hacia soluciones más dialogantes y creativas y a la mejora en general de nuestras relaciones personales; pero también puede conducirnos, dependiendo de cómo lo afrontemos, a un deterioro constante de las relaciones interpersonales”.(Iturbide y Maya, 2007).
Gorjón y Sáenz señalan que cada individuo reacciona de manera diferente ante una situación conflictiva, de acuerdo con elementos muy personales como: creencias, expectativas, atribuciones de significados y de roles, la manera de procesar la información y la forma de resolver los problemas. Entonces, existen diversas formas de enfrentar un conflicto:
De la forma que enfrentemos el conflicto dependerá su resultado, ya que si el conflicto concluye con la satisfacción de los intereses o deseos de una de las partes pero con el sometimiento de la otra, se resuelve solo lo observable (de acuerdo al triángulo de Galtung), quedando dañado latentes los aspectos internos, es decir, las cuestiones afectivas de la relación.
Ahora bien, no todos los conflictos ocupan el mismo lugar dentro de las relaciones sociales, en que se producen, ni tienen la misma significación para ella. Hay conflictos que son ajenos a la índole de la relación que los alberga. Estos se llaman casuales o accidentales. Otros son típicos de ella, consustanciales con la esencia del vínculo existente entre los actores.
• Los conflictos casuales o accidentales son susceptibles de terminación, porque no hay implícita una relación entre sus actores y por ende no es imprescindible trabajar los aspectos internos
• En cambio, aquéllos que muestran una de presencia reiterada o que parecen intrínsecos de la particular relación en la que se producen, deben resolverse para poder conservar o fortalecer dicha relación.
Por otro lado, a decir de Ury, en función de su persistencia en el tiempo, en el conflicto se pueden distinguir tres momentos:
• En el estado de latencia hay intereses contrapuestos entre las partes, pero aún no ha ocurrido nada que lo muestre. Este es el momento de PREVENIR.
• En el estado emergente, cuando se declara el conflicto y comienzan a manifestarse actitudes que muestran la intensificación del antagonismo, la lucha de poder y se busca la autorregulación del sistema RESOLVIENDO.
• En la escalada sostenida: no puede ser resuelto, debido al grado de su escalada. En ese momento es urgente CONTENER el conflicto para que no llegue a atravesar el umbral destructivo
Generalmente contenemos y prevenimos de manera intuitiva. Para resolver, es necesario aprender para realizarlo adecuadamente. La pregunta es entonces ¿quién nos enseña a resolver un conflicto? La respuesta al cuestionamiento anterior implica un análisis general de nuestro contexto: vivimos en un mundo competitivo, donde se nos enseña a ganar lo más posible a costa de lo que sea. “Nuestro sistema adversarial coloca, por lo general, a las partes en una situación de confrontación de poder, donde se pretende ganar lo más posible, sacando lo máximo al otro y primando, en este procedimiento, el sentimiento de ganancia contra el de pérdida, esto es, el triunfo contra el fracaso.” (Almeyda, 2013) Por ello es imperante generar en nuestra sociedad nuevas formas de convivencia que privilegien las conductas pacíficas.
Entonces, el desenvolvimiento del conflicto es muy importante en el aprendizaje. Lo que hagamos en una situación de conflicto, la respuesta que tengamos, nos llevará a un resultado. Los resultados pueden ser negativos o positivos y de ahí dependerá el desarrollo de conflictos posteriores.
Cuando abordamos el conflicto desde la creencia que es malo o peligroso, nuestra actitud hacia el otro será de agresión, de sumisión o simplemente trataremos de evitarlo; el resultado será entonces que el problema empeora, se quedan necesidades sin satisfacer o el conflicto empeorará o escalará. Esto reforzará nuestra creencia de que el conflicto es malo o peligroso.
Si por el contrario, partimos de la idea de que el conflicto es natural y lo vemos como una oportunidad de aprender o crecer, la actitud hacia el otro será de acercamiento, de negociación de apertura al dialogo, nos llevará a una verdadera solución pacífica y a un fortalecimiento de la relación interpersonal. Al darle un valor positivo al conflicto se permite reconocer diferentes posturas frente a la vida, confrontar emociones, desarrollar potencialidades creativas, ampliar la mirada y fortalecer la cohesión de grupos. Entonces los conflictos se consideran oportunidades de transformación, de tal forma que el proceso puesto en marcha al abordarlos suponga una posibilidad de maduración y progreso de las partes a la vez que una mejora en la convivencia
Entonces, es imperante enseñar a nuestra sociedad a enfrentar sus conflictos de manera positiva. Es necesario educar para la paz. La educación para la paz es el proceso de adquisición de los valores y conocimientos, así como las actitudes, habilidades y comportamientos necesarios para conseguir la paz, entendida como vivir en armonía con uno mismo, los demás y el medio ambiente. La educación para la paz "consiste en analizar el mundo en que vivimos, pasarlo por la crítica reflexiva emanada de los valores propios de una cosmovisión pacifista y lanzar a los individuos a un compromiso transformador, liberador de las personas en tanto que, movidas por ese análisis crítico, quedan atrapadas por la fuerza de la verdad y obligados en conciencia a cooperar en la lucha por la emancipación de todos los seres humanos y de sí mismas, en primer lugar".
La educación para la paz es "un proceso dinámico, continuo y permanente, fundamentado en los conceptos de paz positiva y en la perspectiva creativa del conflicto, y que, a través de la aplicación de enfoques socio-afectivos y problematizadores, pretende desarrollar una nueva cultura, la cultura de la paz, que ayude a las personas a observar críticamente la realidad situándose en frente y actuar en consecuencia…" (Jares, 1999)
Jacques Delors apunta que la educación tiene la misión de capacitar a cada uno de nosotros, sin excepciones, para desarrollar todos nuestros talentos al máximo y para realizar su potencial creativo, incluyendo la responsabilidad de las propias vidas y el cumplimiento de los objetivos personales. Señala que la educación ha de organizarse alrededor de cuatro aprendizajes que serán los pilares del conocimiento a lo largo de la vida de cada individuo, y que perfectamente podrían considerarse también los cuatro ejes de la educación para la paz:
• Aprender a conocer o adquirir los instrumentos de la comprensión.
• Aprender a hacer, para poder actuar sobre el entorno.
• Aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas
• Aprender a ser: progresión esencial relacionada con los tres aprendizajes anteriores.
Tres conceptos básicos para entender los alcances de la Educación para la Paz son: la paz positiva, la no violencia y el manejo creativo del conflicto.
• Paz positiva: La entendemos como la ausencia de violencia. Para Galtung, la violencia es un estado en que los seres humanos no pueden desarrollar plenamente sus potencialidades afectivas, somáticas y mentales. Desde esta perspectiva, la paz cobra un concepto más dinámico y permanente: es la presencia de condiciones de vida más justas, de cooperación, respeto y confianza mutua; significa la liberación del individuo de lo que le impide su realización como resultado de la violencia ejercida en alguna o algunas de sus diversas manifestaciones (guerra, hambre, marginación, racismo, machismo). La paz positiva hace hincapié en valores y formas de relación humana: apreciar las diferencias culturales, la tolerancia y el respeto por el otro, la igualdad entre las personas y la defensa de los derechos humanos.
• La no violencia: La educación para la paz promueve respuestas no violentas en las diversas situaciones de injusticia, discriminación, abuso de poder, dolor y muerte y nos propone dar respuestas activas, acciones en la defensa de la vida y los derechos humanos, así como espacios de realización integral como personas. Nos invita a mantener una actitud crítica y de cambio frente a las injusticias de nuestra sociedad. Así, una forma concreta mediante la cual practicamos o enseñamos no violencia es cuando exploramos respuestas no violentas a los conflictos, enseñando a nuestros estudiantes que es posible romper la espiral de la violencia.
• El manejo creativo de los conflictos: La violencia es una reacción destructiva ante el conflicto que, en sus diversas manifestaciones, impide generar relaciones que valoren el respeto, la igualdad, la tolerancia y, por ende, la justicia. La Educación para la Paz presenta una nueva visión del conflicto, una visión positiva al considerarlo como un proceso natural y común, inherente a las relaciones humanas, que nos brinda, por otra parte, la oportunidad de crecimiento personal cuando asumimos el reto de crear e imaginar otras alternativas y soluciones a las situaciones problemáticas que nos toque vivir. «la paz no es un concepto por enseñar sino una realidad a vivir»
La educación para el desarrollo y la paz tiene entre sus propósitos fundamentales el de contribuir a la consecución de una convivencia justa, solidaria y en paz con todos los seres humanos. Su objetivo es sensibilizar la opinión pública a fin de conseguir una mayor cooperación y solidaridad. Es una educación en valores, ya que debe servir para facilitar un cambio de actitudes y comportamientos en relación con los problemas de los desequilibrios económicos, sociales, culturales y luchas de poder entre los pueblos. Es también una educación orientada hacia el compromiso y la acción.
Es aquí donde la mediación tiene un papel importantísimo en nuestra sociedad actual. Partiendo de que su esencia es que nosotros mismos podemos resolver nuestros problemas, nos lleva a aprender que la confrontación, la lucha, el resultado ganador-perdedor no son la única manera de abordar los conflictos, sino que existen otras formas que permiten conservar las relaciones. Esto es posible porque las partes en conflicto adoptan un papel activo: participan, dialogan y adoptan su propia resolución. “La mediación es un proceso de resolución de conflictos en el que las dos partes enfrentadas recurren «voluntariamente» a una tercera persona «imparcial», el mediador, para llegar a un acuerdo satisfactorio. Es un proceso extrajudicial o diferente a los canales legales o convencionales de resolución de disputas, es creativo, porque mueve a la búsqueda de soluciones que satisfagan las necesidades de las partes, e implica no restringirse a lo que dice la ley. Además, la solución no es impuesta por terceras personas, como en el caso de los jueces o árbitros, sino que es creada por las partes.” (Rozemblum, 1998)
Al obtener un resultado satisfactorio, y al asumir cada una de las partes un rol activo en la solución de su conflicto, no solo se resuelve dicho conflicto, sino que se aprende y en futuros conflicto se parte de una actitud positiva. Y esto va llevando a cada individuo a la creación de la paz positiva y de la no violencia.
CONCLUSIÓN
El conflicto debe considerarse como un elemento más de la vida social, inevitable, como algo que hay que aprender a gestionar de manera pacífica y dialogante. Así, la clave no estará en eliminar los conflictos, sino en gestionarlos de manera democrática para que se conviertan en un elemento facilitador, en un recurso educativo orientado al aprendizaje, evitando que desemboquen en algún tipo de violencia o conducta disruptiva.
Transformar la incompatibilidad de intereses entre dos o más personas en una experiencia constructiva u oportunidad de aprendizaje para la vida, lleva consigo un acto personal de apropiación de lo positivo de la experiencia.
La mediación se está extendiendo en diversos ámbitos de la sociedad, lo cual implica ir construyendo progresivamente un futuro más humano en el que los ciudadanos sepan hacer frente a sus conflictos y a sus diferencias de una manera democrática y participativa.
Por ello, como promotores de la mediación, debemos hacer énfasis en que más que considerarla una técnica que se aplica al surgir un conflicto debe ser una herramienta de aprendizaje que se traduzca en una mejora de la convivencia social y que contribuya a la formación de ciudadanos más participativos, responsables y dialogantes capaces de afrontar pacífica y de manera autónoma sus conflicto.
PIE DE PÁGINA
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