AÑO 4 NO. 21 || 15 . ENERO . 2015
REVISTA ELECTRÓNICA TRIMESTRAL DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE LA SALLE BAJÍO
“El rol de la mujer criminal en la sociedad Mexicana”

Articulo elaborado por Tania Islem Bañales Barcenas.
Alumno de la Licenciatura en Criminología y Criminalística.
Universidad De La Salle Bajío. A.C.

Imagen tomada de: www.cosecharoja.org



Hablar de crimen hoy en día es relativamente sencillo, pues vivimos en una sociedad que está rodeada de éste, que a cada paso que se da, se puede ver ya como algo natural y que le brinda hasta cierto punto un equilibrio a la sociedad, pues aunque es difícil de entender, la mayoría de las personas no concebiría un mundo sin crimen, y es que el crimen ha existido desde que existe el hombre, por tanto, se ha vuelto algo más que una necesidad, se ha vuelto algo común en la vida cotidiana.

Es común relacionar el crimen con el sexo masculino, con el hombre, que en nuestra sociedad domina como el fuerte, el proveedor, el macho, el que lleva las riendas del hogar, y por tanto el obligado a que no le falte nada a su familia y que bajo este constructo, haría cualquier cosa para que esto no suceda, por lo que es capaz de llegar a delinquir si esto fuese necesario, no así con la mujer, que se le relaciona más con el hogar y el cuidado de los hijos.

María de la Luz Lima Malvido, (1991) Nos menciona que desde la época de los aztecas vemos la sumisión de la mujer mexicana, como es que ella estaba siempre detrás del hombre, a pesar de que ostentaba puestos políticos, no se le daba el mismo valor que al hombre, sus puestos eran de una importancia secundaria, mayoritariamente las labores de la mujer eran hogareñas, y en índices más bajos eran comerciantes de sus tejidos e hilados. El valor del hombre era enaltecido por la misma sociedad, él era el único que podía pertenecer al grupo dominante. La mujer debía servir a los dioses, servir al hombre, eran sinónimo de honestidad, castidad y pureza, se mantenían limpias, con pocos atavíos, las madres iban heredando las enseñanzas del buen comportamiento de generación en generación. Le recomendaban entre otras cosas a sus hijas hablar con un tono mediano de voz, ya que sólo los hombre podían hablar fuerte, no tenían que ser curiosas, no podían andar con demasiada prisa o demasiada lentitud, no debía inclinar mucho la cabeza pero tampoco la podía alzar, todo esto para no hacer enojar al hombre, para honrarlo, para mantenerlo contento. Les enseñaban a las mujeres a portarse y comportase apropiadamente según los estándares de la época a través de la decencia del cuerpo. Se le educaba para tener a un solo hombre durante toda su vida, aunque el hombre si podía tener más de una mujer por ser el dominante; ella debía mantenerse siempre fiel, digna y correcta para él.

Los roles poco a poco han ido cambiando, y cada vez es más común encontrar a mujeres como cabezas de familia, como trabajadoras y emprendedoras, como seres independientes del hombre, que no necesitan de nadie para salir adelante, por tanto poco a poco la mujer ha ido ganando territorio en el ambiente criminal, debido a esa necesidad de solventar a su familia, e incluso por una necesidad propia de sobresalir, y de querer hacer las mismas cosas que los hombres.

La evolución de la sociedad mexicana ha sido bastante notable en cuanto al rol de la mujer se refiere, mientras que en las años 20, 30, 40, 50 la mujer era totalmente reprimida y oprimida de las decisiones del hombre, sin libertad propia, sin vida propia, ya que toda su vida era el cuidado de sus hijos, la labor hogareña y servirle al marido, hacia los años 60 y 70, con la rebelión en general de la juventud, la mujer tenía ya otro tipo de ideas y su panorama se iba ampliando, en los posteriores años y hasta la fecha, la mujer ha ido ganando mucho territorio en cuanto a libertad se refiere, libertad en todos los sentidos, pero más en la libertad de decisión; de decidir sobre su persona y sobre su vida, sobre lo que quiere para ella. (Lima, 1991).

Pese a todo, la mujer delincuente sigue siendo en la mayoría de los casos todo un misterio muchas veces sin resolver, y es que a pesar de que ésta ha ido ganando territorio en el ámbito criminal, se carece de estudios e investigaciones que hablen acerca de ésta conducta de la mujer, de ésta necesidad de delinquir y quererse parecer un poco más al hombre, se habla de muchos factores que pudieran influir sobre ellas, que serían los motivos más fuertes por los cuales una mujer estaría cometiendo actos delictivos, se habla de cuestiones genéticas, endocrinológicas, se habla de ésta necesidad de ser vista, de ser valorada en la sociedad y que se le deje de ver como el sexo débil.

A pesar de que cada vez es más común escuchar que una mujer delinque, las autoridades lo siguen tomando como hechos aislados, casi sin ninguna importancia trascendental o que sea motivo de estudiar el hecho como lo es con los hombres; esto se debe a que comúnmente se sigue creyendo que sólo el hombre puede volver a cometer la conducta delictiva, no así la mujer.

Es destacable que los pocos estudios realizados que existen acerca de la delincuencia femenina se hicieron en base a estudios de delincuencia en general, delincuencia masculina, por lo que en realidad no existe una base lógica-teórica sustentable que avale la criminalidad femenina y que nos de pistas sobre los motivos que llevan a una mujer a delinquir.

Básicamente los pocos estudios que existen centrados propiamente en la mujer, son de índole endrocrinológico, genético, de su rol social desempeñado en la sociedad, tratando de explicar la criminalidad presente en ellas, haciendo mención importante de que muchos de éstos estudios se encuentran fuertemente influenciados por los prejuicios existentes acerca de la mujer, como lo es el caso del aumento de índice delictivo en la mujer mientras ésta se encuentra menstruando. (Vargas, 1980).

La mayoría de estos estudios concluyen que la mujer delincuente, es una mujer anormal, una mujer que se ha desviado de su papel tradicional de hija, madre y esposa, una mujer que se ha rebelado contra el sistema social que la mantiene “atada” a una vida familiar, a una vida exclusiva en la casa. Desviarse de este rol en sí, ya es considerado como algo anormal, algo que se sale de los estándares socialmente aceptados, por lo tanto el hecho de que cometa una acto delictivo la separa aún más de la “normalidad” en la que se le destinó a vivir.

Resulta difícil comprender para la sociedad en general que una mujer se vea inmiscuida dentro de un proceso delictivo, más aún que sea procesada por dicho hecho, sigue siendo un tabú muy grande en esta sociedad tan conservadora que una mujer, cabeza de una familia se le relacione con hechos que tradicionalmente sólo se relacionan con los hombres.

Cabe destacar que la mujer que delinque, según algunos estudios han crecido con ideas de igualdad de género, con igualdad de oportunidades, son mujeres que se rebelan ante el sistema social, son mujeres que quieren ser tratadas de la misma manera que al hombre en todos los aspectos sociales posibles, incluso en el delictivo.

Según Karla Sindya Langle M., en 1983, existen diversos factores que pueden llevar a una mujer a delinquir, especialmente dentro de ésta sociedad, observamos que la mayoría de las mujeres que han cometido un hecho delictivo son pertenecientes a una clase social de media a baja, es decir las clases oprimidas, los grupos marginados de la sociedad, aquellos a los que la mayoría de la sociedad discrimina por su condición social, negándoles incluso los servicios más básicos, como lo es el acceso a la salud, a una vivienda digna, y al serles negados, buscan en el delito la mejor forma de salir adelante y de solventar a su familia, y de brindarle lo mejor y más básico para su sano desarrollo.

En cuanto a los factores endocrinos, José Luis Trujillo Linares (1983) entiende que la mujer produce distinta conformación hormonal sobre sus propias emociones, la mujer segrega estrógenos y progesterona que les brinda un comportamiento menos agresivo, pero más depresivo, por lo cual, las principales explicaciones de la conducta criminal en la mujer se dan dentro de las fases donde ésta experimenta las llamadas crisis biológicas, que corresponden a los periodos de pubertad, maternidad y climaterio, así como en su periodo catamenial, que es donde hormonalmente se encuentran más vulnerables.

En base a esa misma teoría, se sabe que la mayoría de los delitos cometidos por las mujeres no son de carácter violento, debido a su vulnerabilidad hormonal; según Hilda Marchiori, 1983, las principales conductas delictivas observables en la mujer son las siguientes:

• Prostitución.
• Homicidio, especialmente homicidio pasional.
• Robo,
• Tráfico de drogas.
• Secuestro.
• Estafa.
• Denuncias falsas.
• Aborto.
• Incesto.
• Conducta de abandono.

Claramente se observa la predominancia de los sentimientos dentro de éstos delitos, lo que alimenta más la teoría hormonal.

Se habla también de algún tipo de trastorno descrito en la mujer delincuente, que la lleva a ir en contra de las reglas y normas sociales establecidas para una buena convivencia, se le considera así, por tanto, como anormal, pierde su sentido de control, su alto grado de histeria se llega a relacionar fuertemente con la psicopatía, concluyendo así que ésta puede presentar más elementos psicopatológicos de carácter exuberantes y traumáticos en relación con los hombres, debido a esto, éstas mujeres son ingresadas más en instituciones psiquiátricas que en reclusorios. (Marchiori, 1983).

Su rol social por tanto ha ido evolucionando conforme evoluciona la sociedad en sí, pues muchas de las actitudes presentes en la mujer de hoy en día, no eran bien vistos en las sociedades pasadas, como se pudo observar en la sociedad azteca, donde era impensable que una mujer se dedicara a trabajar y dejará a sus hijos en una guardería, peor aún, no se concebía el hecho de que una mujer matara, secuestrara, robara, sólo para tener una vida mejor, una vida que no le alcanzaba a “su hombre” para darle, así podemos concluir, que la mujer irá evolucionando conforme evoluciona la sociedad, y su rol criminal, irá también cambiando conforme ella mejora sus técnicas y la sociedad le brinda las armas suficientes para llevar a cabo sus actos delictivos, es decir, la sociedad es en gran medida la responsable de crear y fortalecer hombres y mujeres criminales.

Como nos podemos dar cuenta falta mucho para establecer parámetros reales del porque la mujer se involucra en el ámbito criminal, si bien es cierto se describen diversos factores que son de mucha trascendencia que dan paso a diversas teorías pero no existen aún estudios tan profundizados como los hay para los hombres, que nos puedan ofrecer parámetros más amplios de la criminalidad femenina, de los verdaderos motivos que llevan a una mujer mexicana a cometer actos delictivos.





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