AÑO 4 NO. 21 || 15 . ENERO . 2015
REVISTA ELECTRÓNICA TRIMESTRAL DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE LA SALLE BAJÍO
La delincuencia femenina. Paradigmas y problemáticas de estudio.

Articulo elaborado por el Lic. Héctor Martínez Jasso.
Catedrático de la Licenciatura de Criminología y Criminalística
Universidad De La Salle Bajío A. C.

Imagen tomada de: oasportal.policia.gov.co



El ser humano siempre ha tenido necesidad de explicar los fenómenos que le acontecen y acompañan, esto finalmente le lleva al desarrollo del conocimiento, de las ciencias y de su historia como individuos.

La conducta antisocial ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes, de ahí que el hombre siempre ha tenido la interrogante del porqué de su comportamiento, las causas que originan el mismo y la necesidad de conocer al actor o autor de dicha conducta. Diferentes ciencias han intervenido en tal propósito, como la Filosofía, la Antropología, la Medicina, la Sociología, etc. Todas ellas han sentado bases en el estudio del comportamiento, sus aportaciones científicas han facilitado a otras ciencias forenses y jurídicas, la comprensión de los factores que intervienen en la misma.

Sin embargo, el desarrollo del conocimiento y de las ciencias ha generado una crisis o más bien una cierta problemática a nivel metodológico, que tiene que ver con el desarrollo de paradigmas, y aunque esta palabra tiene acepciones diferentes y es usado en la Gramática e incluso para referirse a funciones cerebrales, en la ciencia es usado como un modelo explicativo. Para entenderlo, Thomas Kuhn, nos establece al hablar de las revoluciones científicas, que los paradigmas tienen un proceso, donde 1) se establece un paradigma, 2) dentro de la ciencia normal, los científicos usan el paradigma para explicar su ciencia y a medida que lo usan se generan y acumulan paradojas, que resultan de observaciones, que van en contra del paradigma, 3) se acumulan las paradojas, generando una crisis, por la que los científicos ya no confían en el paradigma inicial, 4) los científicos comienzan a probar cualquier teoría, si hay proliferación de teorías, los científicos se ven forzados a discutir los fundamentos y 4) surge un nuevo paradigma que revoluciona el mundo científico, que no sólo es incompatible con el anterior, sino que también es inconmensurable, esto es, que ni siquiera se puede comparar porque las palabras y unidades de medida son diferentes.

Emilio Durkheim (1971), en las reglas del método sociológico, advierte que los fenómenos sociales que queremos investigar, no son totalmente sociológicos, solo porque sean parte de un modelo colectivo, sino que también dependen de factores individuales o privados de cada uno, por ejemplo la constitución orgánico- psíquica, pudiéndose denominar entonces psicosociológicos. Pero también dentro del interior de cada individuo se pueden encontrar fenómenos de naturaleza mixta, que son analizados por ciencias mixtas, como la química biológica. De tal manera podemos encontrar la noción bio – psico – social.

En la misma obra el autor propone que los fenómenos son abordados como conceptos y no como cosas. Los mismos conceptos o definiciones que se desarrollan entonces por múltiples ciencias, son ambiguos y generan confusión. El hombre no puede permanecer en medio de las cosas (es decir los fenómenos) sin formarse ideas sobre ellas. Refiriendo a Francis Bacon, el hombre de manera natural establece pre nociones o nociones vulgares, que confunde con verdades absolutas, sin embargo estas pre nociones son indicadores para la generación del conocimiento y advierte que hay que descartar sistemáticamente las prenociones, que se debe estudiar un fenómeno perfectamente definido para no buscar explicaciones en algo distinto al fenómeno y que se debe abordar el reino social por las parte más accesibles de la investigación científica. Por supuesto haciendo uso de la observación y la objetividad, es decir alejar la propia personalidad y tendencias del investigador del fenómeno a estudiar.

Los paradigmas en la actualidad están más centrados en la búsqueda frenética de contradicción de otro paradigma, unas veces sin razón y otras por superficialidad, o por la búsqueda de trascendencia en un libro u obra, perdiéndose luego entonces el verdadero objeto de la generación del conocimiento.

Claro ejemplo se puede encontrar, referente al tema de la criminalidad o delincuencia, en la escuela Positivista de Enrico Ferri sustituyó a la escuela de su maestro Francisco Carrara, con el paso del tiempo la escuela que combatió con los principios de una escuela clásica, terminó con el paso del tiempo convirtiéndose en clásica y que hoy de manera tajante se niega estudiar, al igual que muchas teorías, escuelas y modelos, por considerarlos anacrónicos y/o carentes de fundamentos. Las tipologías caracterológicas propuestas por William H. Sheldon y Ernest Kretschmer, son muy similares distinguiéndose apenas por los nombres o términos usados en ellas. Un ejemplo más o pueden ser la escuela psicoanalítica Freudiana, que a partir de 1945 fue denominada Neofreudiana o en Filosofía la escuela Kantiana que a la postre se denominó neokantiana y por supuesto, en una gran proporción, la opinión es que dichas escuelas no tienen nada nuevo. Igualmente sucede con las especialidades y áreas de una ciencia, por ejemplo la discrepancia en Psicología, entre la clínica, educativa, social, laboral etc., y específicamente una que aborda el tema de la conducta antisocial y a la que han decidido bautizar con diferentes nombres, criminal, criminológica, forense y/o jurídica y forense, a pesar de estudiar el mismo fenómeno, la opinión general es que más bien obedece a intereses y posturas personales. En Criminología, el debate entre sus corrientes como la clínica -cuyos sinónimos son, de acuerdo con Gerardo Saúl Palacios criminología del paso al acto, o etiológica, la ambiental, la crítica, la interaccionista, etc., es constante. Esta ciencia ha tenido un crecimiento importante a partir de 1930, por lo que el mismo autor sostiene que es menester enseñar y estudiar lo que ha sucedido antes de esta fecha.

El cambio de paradigmas, refleja que la ciencia no ha escrito más para explicar los fenómenos con tanto afán, como cuando se cuestionaba su cientificidad, es decir, ahora la ciencia solo se preocupa por un trozo de verdad que es reclamado como exclusivo de algunos autores, en un afán de arrogancia científica, perdiéndose por completo el objetivo de explicar un fenómeno y conduciendo irremediablemente a una lucha encarnizada por las discrepancias que se generan y que se observan en lo cotidiano en las aulas y los pasillos de las escuelas donde se encuentran profesores y alumnos de distintos bandos, afectando notablemente la enseñanza y la práctica de una ciencia.

Dado que en este punto se han mencionado dos ciencias importantes, es adecuado presentar un marco de referencia, del por qué y cómo estas ciencias, la Criminología y la Psicología, se entrelaza en un objetivo común, el delito, el delincuente y la delincuencia, desde un contexto latino y crimen, criminal y criminalidad dentro del contexto anglosajón, es decir acto, autor y fenómeno, respectivamente en ambos casos.

Intersección entre la psicología y la criminología

No existe sociedad que no posea una normatividad o Ley positiva, ya sea costumbrista, tradicionalista, escrita o de derecho. Tampoco existe una sociedad donde no exista la conducta antisocial o la transgresión de la norma. Toda sociedad manifiesta la relación de la conducta antisocial y la sanción o reproche subjetivos.

De todo lo anterior han sentado bases antropólogos como Ruth Benedict, Margaret Mead o Bronislaw Malinowski; sociólogos como Emile Durkheim y Robert Merton. Sus aportaciones científicas han sido relevantes para la explicación de las conductas antisociales. Pero no es sino hasta el desarrollo de una Psicologia científica, con Wilhelm Wundt, que tiene la libertad de desarrollar constructos libres, por lo menos de ataduras a otras disciplinas.

Definición de Psicología

La Psicología ha pasado por una serie de paradigmas no siempre favorables, la noción romántica del psiquismo quedó atrás. Definiciones como el estudio del alma o estudio de la mente, no satisfacen las necesidades contemporáneas del saber científico. A continuación se presentan las siguientes proposiciones:

Linda Davidoff, en 1990, define la Psicología como:

“la ciencia que estudia el comportamiento y todos los procesos mentales en todos los animales”

Charles Morris y Albert Maisto (2001) proponen que la Psicología es:

“la ciencia de la conducta y los procesos mentales” o “el estudio científico de la conducta y los procesos mentales”.

Lo anterior ha desatado controversia, si bien por un lado el estudio en animales ha arrojado información relevante para el estudio del comportamiento humano, por otro lado hay quien se cuestiona si finalmente dichos animales se pueden equiparar al hombre, por un argumento que más adelante se expondrá, los procesos mentales superiores.

Definición de Criminología

Criminología, de acuerdo con Osvaldo Varela (2005), significa etimológicamente ciencia del delito, mientras que para Hilda Marchiori (2011), significa tratado del delito o crimen.

Garófalo (Varela, 2005), refiriéndose a la Criminología considera que esta debe ocuparse de varios de sus aspectos: el natural (factores o causas del delito, y también puntos de criminalística), el jurídico-penal, el procedimental, el penológico y el político criminal. Aunque se puede considerar que esta definición excede el campo de trabajo de la ciencia, por lo que se puede agregar la definición de Hans Goeppinger (Varela, 2005), quien afirma que, la criminología:

“Se ocupa de las circunstancias de la esfera humana y social relacionadas con el surgimiento, la comisión y la evitación del crimen, así como del tratamiento de los violadores de la Ley”

Para Quiroz Cuarón (Plata, A., 2007), la criminología es:

“una ciencia sintética, causal, explicativa, natural y cultural de las conductas antisociales”

De acuerdo con Octavio Orellana (2007), la criminología es una ciencia sintética, causal y explicativa; es sintética debido a que se trata de una ciencia a la que concurren varias disciplinas como la psicología. Es causal explicativa, porque pretende descubrir las causas o factores que influyen en el fenómeno criminal, y explicar tales fenómenos.

Se trata de una ciencia empírica, experimental, que se sirve del método inductivo, que no se basta por sí misma para conocer las causas de la criminalidad, por lo que recurre a otras ciencias, como las anteriormente expuestas, la biología, la psicología, la sociología, y otras. Por lo anterior se le considera una interciencia.

El factor común de estudio

Para la Psicología el estudio del comportamiento es primordial, pero hay uno en particular que está vinculado a fenómenos como la violencia, la violación, el sexismo, el canibalismo, etc., que siempre han acompañado al hombre, la cual se ha denominado conducta antisocial, pero al mismo tiempo le interesa el autor del comportamiento, el criminal o delincuente y el porqué de sus actos. Es en este punto que la Criminología se presenta con el mismo interés y objeto de estudio.

Ambas coincidentemente tienen una área en común, la clínica, que ha sido malinterpretada, mal estudiada y como resultado mal aplicada, por lo menos al fenómeno delictivo.

La idea de los tratamientos “re”, es un ejemplo de ello, esta parte del constructo de un ser humano enfermo, pero al mismo tiempo de la búsqueda de un estereotipo del delincuente. Volver a adaptar, habilitar, integrar, socializar, educar o insertar al delincuente no funciona porque nunca han carecido de estas características y la tradición clínica luego entonces, ha dejado como consecuencia que la Criminología se concentre en obtener conocimientos de otras ciencias, áreas y disciplinas y que la Psicología adopte variantes como la Forense y la Criminal, pero insistentemente con el objetivo de encontrar la anormalidad mental en el individuo.

De esta manera, cuando se estudia al sujeto con conducta antisocial, nos encontramos ante una vaguedad conceptual debido, principalmente, a: las diferencias teóricas, a la tendencia a clasificar al delincuente en una entidad nosológica y a afirmar que la conducta antisocial es un síntoma de enfermedad o trastorno. Así tenemos términos como manía sin delirio, de Pinel, 1809; locura moral, Prichard, 1835; inferioridad psicopática constitucional, de Koch, 1891; personalidad psicopática, Kraepelin, 1904, Hare, 1970, Cleckley, 1982, Hare y Hakstian, 1989; imbecilidad moral (término introducido en la legislación inglesa en 1913), sociopatía, de Partridge, 1930; Desorden de personalidad sociopática, en el DSM I, 1952; Trastorno antisocial de la personalidad, en el DSM II, APA, 1968; Trastorno antisocial de la personalidad –reconceptualizado a partir de estudios de Robins 1966, 1978, en el DSM III, APA, 1980; psicopatía, de Cleckley, 1982, Hare, 1983, 1991. Lo anterior hace un llamado a utilizar los términos con prudencia ya que no son sinónimos y esclarece que la delincuencia es una categoría heterogénea que incluye personas con o sin trastorno de personalidad antisocial, sociopatía, psicopatía, etc. (Martínez, 2006, 2007).

Más que un enfoque, el área clínica ha intentado representar un estereotipo de criminal y se ha enfocado hacia métodos de tratamiento, cuando en realidad ofrece métodos de investigación eficaces, como la evaluación, ya que se cuenta con instrumentos específicos, y el conocimiento más amplio de las diferencias entre sujetos delincuentes y no delincuentes que hace más preciso el diagnóstico y el pronóstico. De esta manera como lo reconoce Roger Y. Dufour (citado en Picca, 1993), el método clínico es entonces aquel que estudia el comportamiento criminal “a través de su captación en términos particulares en su individualidad específica” Dicho de otro modo, está olvidada la observación, del fenómeno por supuesto, pero también el carácter individual, en cuanto a las diferencias entre un sujeto y otro, para no hacer generalizaciones espurias.

La delincuencia femenina

La mujer ha estado bajo el entendimiento ofrecido por un largo proceso cultural e histórico en el que fundamentalmente se tiene una noción de ella. Como se puede observar en el siguiente cuadro (Zambonui, 1972):

Femineidad

Caracterología


Suave
Dulce
sentimental
Afectiva
Intuitiva
Superficial
Impulsiva
Imprevisora
Frágil
Sumisa
Dependiente
Cobarde
Tímida
Recatada
Prudente
Maternal
Coqueta
Voluble
Seductora
Bonita
Puede llorar
Insegura
Pasiva
Sacrificada
Abnegada

Moral sexual

Monógama
Virgen
Fiel

Existencia social

Hogareña

Psiquiatría

Masoquista
Histérica


Virilidad

Caracterología


Duro
Rudo
Frío
Intelectual
Racional
Planificado
Profundo
Fuerte
Dominante
Autoritario
Independiente
Valiente
Agresivo
Audaz
Paternal
Sobrio
Estable
Conquistador
Feo
No debe llorar
Seguro
Activo
Cómodo

Moral sexual

Polígamo
Experto
Infiel

Existencia social

Mundano

Psiquiatría

Sádico
Obsesivo


El cuadro anterior nos refleja la cantidad de estereotipos que dificultan la comprensión real del fenómeno que algunos han llamado condicionamiento sociopsicológico o como resultado del factor cultural e histórico, pudiéndose encontrar aquí el origen de las teorías de estereotipo.

De la misma forma autores como Cesar Lombroso, Guglielmo Ferrero o Paul Julius Möbius, centraron las condiciones biológicas-constitucionales, como causantes de la criminalidad femenina, atribuyendo características morfológicas, de pasividad e inferioridad mental y constitucional.

Las teorías del desarrollo sexual, endocrinológicas u hormonales, las cuales centran el origen de la criminalidad femenina en su conformación hormonal, que repercute directamente en su comportamiento. A partir de las investigaciones de Blas Aznar (en Malvido, 2004), quien menciona anormalidades en la menstruación que ocasionan repercusiones de carácter criminológico. Los estudios en este sentido no son contundentes, por ejemplo en el caso de Silvia Vargas Otero, hace referencia a un estudio de internas en el Centro de Rehabilitación Social antes Cárcel de Mujeres en la Ciudad de México, no refiere el año y dicho centro no existe o no es correcto el dato. De acuerdo con la historia de las prisiones capitalinas, el Centro Femenil de Readaptación Social (Tepepan) se creó en 1982, con el objetivo de albergar a la población proveniente de la Cárcel de Mujeres de Santa Martha Acatitla, desarrollando esta actividad hasta el año de 1987 en que la población indiciada y procesada fue trasladada al Reclusorio Preventivo Femenil Norte y Reclusorio Preventivo Femenil Sur, los cuales apoyaron con la población femenil de este tipo dado el crecimiento de la población penitenciaria, quedando entonces el Centro Femenil de Readaptación Social, únicamente con la población Sentenciada Ejecutoriada, extranjeras, población inimputable y terminales.

Inicialmente refiere que el estudio incluyó a 160 mujeres, pero dentro de ciertas categorías, tan sólo en cuanto al delito fuera de la menstruación es de un 66% de 132 internas, y no de 160 como indicó inicialmente, de estas manejó una cifra de 17 homicidios, de donde obtuvo que 58% de estos coinciden con el embarazo y con la menstruación. El estudio notablemente está sesgado y en definitiva no es estadísticamente significativo, sin tomar en consideración que las internas son reacias a cooperar con ese tipo de datos.

Respecto a la personalidad, S. Carina Vélez de la Rosa (1983), manifiesta que en el delito de robo las mujeres no manifiestan violencia y se concentran en objetos que socialmente las distingan, Hilda Marchiori, en 1983, precisa que el robo es realizado de manera utilitaria (es decir para satisfacer necesidades y que puede venderse), que suelen especializarse en determinados objetos, ambas autoras, coinciden en que la mujer en este delito es usada como señuelo o distractor, van acompañadas, etc. Todas las características anteriores, igualmente son presentadas en los varones en el mismo delito. Se podría debatir ampliamente en toda la gama de delitos, pero basta por el momento hacer notar que, por lo menos en el secuestro la participación antes pasiva, cuidadora, curativa, etc., de la mujer ha cambiado radicalmente a la de torturadora, mutiladora, y de una participación más activa, incluso de organización en este proceso delictivo.

Las teorías enfocadas en el género, existe una mala comprensión del rol social, de la igualdad y de la desviación hacia el papel masculino. Se trata de verdaderas confusiones, en las que la delincuencia es atribuida a disfunciones sociales generadas por opresión, necesidad de obtener libertad o libertinaje parecido al masculino y necesidades de rebelión, que irremediablemente, según estos postulados, son resultado de la histeria, conflictos neuróticos. El rol social, debe además ser complementado con la teoría del aprendizaje social de Albert Bandura, con el interaccionismo simbólico y/o acercarnos en definitiva al enfoque de rol de género de Philip Rice y adentrarnos al mundo de los arquetipos.

Conclusiones

Teorías, enfoques y paradigmas existen en nuestro haber, pero finalmente la delincuencia femenina no será, ni podrá ser explicada a través de las diferencias estadísticas, de personalidad, constitucionales, sociales y ni siquiera criminológicas o psicológicas, pero sobre todo, haciendo comparación con los varones. El delito muta constantemente, igualmente el delincuente se adapta a nuevas condiciones y retos, la delincuencia cambia de forma y métodos, esto quiere decir que hombres y mujeres incursionan de igual manera en la conducta antisocial. Desde una perspectiva empírica de conocimiento, inclusive, no se puede negar que uno posea más peligrosidad que otro.

Al poseer personalidad, nos convierte en únicos, la generalización no es válida, puesto que como se ha desarrollado en el presente texto, cada uno de nosotros posee factores individuales, como la constitución orgánico- psíquica, pero también en el interior de cada individuo se pueden encontrar fenómenos de naturaleza mixta, o bien, el individuo puede estar rodeado de determinadas condiciones ambientales, sociales, familiares o escolares. Necesitamos mantener presente la noción bio – psico – social, pero fundamentalmente la noción multifactorial, multicausal y la etiología diversa. Entre más analicemos individualmente, sin intentar encontrar la piedra filosofal, más preciso será nuestro acercamiento al verdadero estudio de la criminalidad.

Es necesaria la concentración en estudios de profesionales comprometidos con el tema, empíricos, cercanos al fenómeno e incluso invitarlos a las aulas y a los foros de reflexión, para que describan qué es lo que debemos observar, para estar en la realidad objetiva de lo que en verdad queremos comprender.

Para finalizar, Durkheim señala:

Si se quiere clasificar los distintos tipos de crímenes, habrá que esforzarse por reconstruir las maneras de vivir, las costumbres profesionales utilizadas en los diferentes ámbitos del delito y se reconocerán tantos tipos criminológicos como formas presente esta organización”, “Pero si se quiere seguir el camino metódico, hay que establecer los cimientos de la ciencia sobre terreno firme y no sobre arena movediza”







BIBLIOGRAFÍA:

Davidoff, L. (1990). Introducción a la psicología. Interamericana McGraw-Hill. 1990. México. Durkheim, E. (1971) Las reglas del método sociológico. Ediciones Tiempo Crítico, Medellín. Malvido, M. (2004) Criminalidad femenina. Editorial Porrúa, México Marchiori, H. (1983) La mujer delincuente. Personalidad de la mujer delincuente. Dirección General de Publicaciones. UNAM. México -(2011). Criminología teorías y pensamientos. Editorial Porrúa. México. Martínez, H. (2006) Diferencias de personalidad criminal en sujetos con conducta antisocial en reclusión, no recluidos y población general. VII Congreso Mexicano de Psicología Criminológica y I Congreso Internacional de Psicología Criminológica en México. 19-21 de octubre. Acapulco, Gro., México. -(2007) Diferencias de personalidad criminal en sujetos con conducta antisocial en reclusión, sin reclusión y población general. Tesis recepcional. Facultad de Psicología. UNAM. México. Morris, Ch. y Maisto, A. (2005) Introducción a la psicología. Pearson Educación. México. Palacios, G. (2012) Criminología contemporánea. Introducción a sus fundamentos teóricos. Instituto Nacional de Ciencias Penales. México. Plata, A. (2007). Criminología, criminalística y victimología. Oxford. México. Varela, O [Et Al.](2005) Psicología jurídica. JCE Ediciones. Buenos Aires, Argentina. Vargas, S. (1983) La mujer delincuente. Menstruación y delito. Dirección General de Publicaciones. UNAM. México Vélez, C. (1983) La mujer delincuente. La mujer delincuente y la enferma mental delincuente. Dirección General de Publicaciones. UNAM. México Vives, T. (1983) Métodos de determinación de la peligrosidad. Revista peligrosidad. Universidad de Valencia. España. Zambonui, N. (1972) Opresión y Marginalidad de la mujer, editorial Humanitas, Mendoza, Argentina.

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