AÑO 8 NO. 26 || 23 . DICIEMBRE . 2016
REVISTA ELECTRÓNICA TRIMESTRAL DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE LA SALLE BAJÍO
CRIMINOLOGÍA AMBIENTAL

ARTICULO ELABORADO POR EL MTRO. EFRÉN ERNESTO MARTÍNEZ CORONADO

CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE DERECHO Y CRIMNALISTICA

UNIVERSIDAD DE LA SALLE BAJIO A.C.






Imagen tomada de: www.google.com.mx



“La criminología es una disciplina científica e interdisciplinaria que tiene por objeto el estudio y análisis del delito, de la pena, delincuente, víctima, criminalidad, reacción social, institucional, cultural y económica, a los fines de la explicación, asistencia y prevención de hechos de violencia”

Etimológicamente la palabra criminología que proviene del latín criminis que significa crimen y del griego logos -tratado, estudio, es decir el estudio del crimen-delito.

Es evidente que este es un concepto amplio y sumamente abarcativo, ya que no se limita al delito –hecho delictivo- sino integra todos los aspectos y áreas vinculado a los comportamientos que provocan daño intencional a nivel individual, social y cultural.

Pero ¿desde cuándo se ha estudiado la antisocialidad? Los orígenes del estudio de la antisocialidad podemos encontrarlos desde la aparición del hombre en la tierra, sin embargo, es costumbre considerar sus orígenes en el instante en que empezamos a examinar sistemáticamente dicho problema social; por tal motivo, sus inicios se ubican en el florecimiento del Iluminismo, cuyo elemento más importante es el postulado fundamental del clasicismo, que establecía como meta principal buscar siempre la protección de los derechos del hombre en la corrupción y de los excesos de las instituciones existentes en ese periodo histórico.

Una de las ramas desarrolladas desde ese tiempo es la llamada “Criminología Ambiental” la cual es apoyada o fundamentada por la “Psicología Ambiental” definida como un área de la psicología cuyo foco de investigación es la interrelación del ambiente físico con la conducta y la experiencia humanas.

Un ejemplo de dicha aplicación tiene lugar en 1976, los medios nacionales de comunicación informaron que una pareja de ancianos se quitó la vida en un departamento del distrito de Bronx, de la ciudad de Nueva York. Dejaron una nota que decía que ya no soportaban el estrés de la vida urbana. Para estas personas, la discordancia visual y auditiva de la ciudad, el aire contaminado y la amenaza siempre presente de crimines violentos resultaron intolerables. Ya no tenían la energía ni el valor que necesitaban para sobrevivir en el ambiente urbano de ese tiempo.

Las teorías ecológicas aseguran que el ambiente puede tener influencia decisiva en el comportamiento humano, así como de la criminalidad. La ecología en el área criminológica representa la influencia que el ambiente ejerce sobre la conducta del sujeto. Por lo tanto, existe la relación antisocial-ambiente. Es tendiente en cuanto a que la personalidad de un sujeto antisocial tiene su formación en múltiples factores y aspectos ambientales que lo circundan y que en su momento favorecen para que se desarrolle el fenómeno antisocial.

Entonces es bajo una serie de eventos parecidos al anterior que los teóricos comienzan a preguntarse qué otros factores intervienen en la conducta humana y vierten sus conclusiones en una rama nueva llamada Criminología Ambiental, la cual es definida como el estudio del delitos, la criminalidad y la victimación en relación, primero, con determinados lugares en particular y, segundo, con la forma en que las personas y las organizaciones desarrollan sus actividades desde el punto de vista espacial, para lo que dependen de ciertos factores espaciales o de lugar. A su vez es posible definirla como el estudio de los factores climáticos que influyen en la realización de cierto tipo de conductas antisociales o delitos.

¿Cuál es su objetivo?

Su interés está en los efectos del amiente en la conducta humana. Se ocupa de las consecuencias de ciertos factores ambientales como el espacio, la estructura del escenario, calor, frio, el ruido, etc., sobre la conducta antisocial, y que el criminólogo habrá que estudiar. Lo anterior tiene relación porque las personas responden a variables del ambiente; por ejemplo, habrá personas a las que el calor les moleste o les agrade, lo mismo con el frío, y esas variables condicionaran su comportamiento las fuerzas externas estimulan a los individuos a actuar de cierta manera, ya sea realizando una conducta o evitándola.

La criminología ambiental carecería de interés si la distribución geográfica de los delitos, o del lugar de residencia del trasgresor, fuesen aspectos aleatorios, de hecho, en muy pocos casos se observa tal arbitrariedad en la distribución espacial de los actos delictivos, a decir verdad, en la criminología reciente se ha visto un interés cada vez mayor en los puntos focales del delito y de la crimininalidad, el cual puede compararse con el interés que han despertado otras tendencias en los datos criminológicos.

Aspectos Ecológicos - Ambientales

Dicho encabezado está fundamentado debido a que se pretende a continuación estudiar las relaciones entre el hombre y el medio ambiente telúrico en la medida en que esa interacción se conecta con el fenómeno de la criminalidad.

Estudios realizados sobre biometereología humana han señalado cómo las condiciones atmosféricas variables ejercen influjo sobre el hombre, por ejemplo, que las tempestades eléctricas ocasionan un aumento considerable en los accidentes de tránsito, debido a que las reacciones de los conductores son más lentas bajo tales circunstancias.

Parece efectivamente que estas alteraciones telúricas, especialmente cuando son muy bruscas, dan lugar a disturbios en el ser humano, variaciones del tono afectivo del humor, estados de emotividad, irritabilidad y nerviosismo, cuyas relaciones con el comportamiento criminal no puede ser desestimada.

Las temperaturas elevadas sensibilizan la afectividad, propician reacciones de agresividad y en general extrovierten al individuo a tiempo que las bajas temperaturas disminuyen el ritmo de las reacciones, inducen a la meditación y consecuentemente recluyen al sujeto en sí mismo. Estas modificaciones son particularmente acentuadas en aquellas zonas que presentan ciclos estacionales; en los países europeos, por ejemplo, se han realizado investigaciones sobre la relación entre estas periódicas oscilaciones climáticas y la criminalidad; así, los delitos contra la integridad personal, la injuria, los desacatos a la autoridad, os pequeños hurtos, el incendio, muestran un ascenso considerable durante el verano; en cambio, los hurtos calificados, la estafa, el abuso de confianza, alcanzan su punto culminante en el invierno; por su parte, los delitos sexuales en general proliferan en la primavera.

Si observamos el panorama geográfico de un país encontraremos que su población se distribuye en dos grandes zonas: la urbana y la rural; la primera, conformada por los centros citadinos y la segunda por los campos dedicados a la agricultura o a la ganadería. Esta distribución de los que pudiéramos llamar geografía humana, constituye un factor decisivo en el desarrollo de los Estados y en la idiosincrasia de los pueblos.

A los criminólogos no les ha sido ajeno este hecho social; se han ocupado así, de determinar el aporte de que estas zonas ofrecen a la criminalidad general y han encontrado que el índice delincuencial es mucho más alto en los centros urbanos que en los sectores rurales. Pero ¿por qué sucede eso? Ante todo el núcleo familiar que constituye la célula primaria de toda sociedad tiene mayor cohesión y solidez en las zonas rurales porque las relaciones interpersonales entre padres, hijos y hermanos son más intimas, más frecuentes y más espontáneas; en las ciudades en cambio muestran una célula familiar desunida, incompleta y frecuentemente traumatizada, esta circunstancia, como lo veremos en su oportunidad, influye en la gestación de conductas antisociales.

A partir de las investigaciones de Shaw, Sutherland y Taft se empezó a designar con el nombre de áreas delincuenciales determinadas zonas citadinas de alta concentración delictiva.

Como características de ales áreas se mencionan las siguientes: coincidencia con zonas industriales más o menos densas; precarias condiciones habitacionales de sus moradores, pobreza ostensible; carencia del sentido de la vecindad.

Si bien es cierto que esta teoría ha sido objeto de acertadas criticas (pueden ubicarse numerosos sectores con tales características y sin volumen considerable de criminalidad; se supone equivocadamente que la gente delinque donde habita), no puede desconocerse que existen áreas donde la criminalidad es más frecuente y en las que proliferan ciertas formas delictivas.

Diurnidad y Nocturnidad

Las circunstancias de diurnidad y nocturnidad afectan el desarrollo de todas las actividades humanas, sean ellas licitas o ilícitas; si observamos, el volumen de la criminalidad general de un país, encontraremos diferencias cuantitativas cualitativas a este respecto.

Conforme a las estadísticas policiales la criminalidad diurna representa aproximadamente el 56% de la total y la nocturna, el 44%. Para comprender esta aparente disminución de la criminalidad nocturna basta reconocer que ella se realiza durante un número de horas inferior a las disponibles en la jornada diurna. También se comprende por la mayor desenvoltura con que el delincuente puede actuar a cubierto de una fácil identificación, por la sensible disminución de la vigilancia personal y oficial, por el mayor tiempo de que dispone para llevar adelante la empresa criminal, por la desprevención de la víctima y por la relativa tranquilidad con que el delincuente maniobra sobre los controles predispuestos para resguardar el hogar o la seguridad de las cosas.

Conclusión

El hombre desde tiempos inmemorables ha hecho uso de todos sus medios para conseguir sus fines, pero existen ocasiones que éstos son ilícitos y van en contra de la integridad de otras personas o de sí mismo. Es por ello que el hombre ha buscado maneras de estudiar su comportamiento y darle una explicación lógica, y científica a ello.

Y para lograr dicho objetivo ha venido desarrollando una serie de ramas que se desprenden de la ciencia “Criminología”. Ejemplo de esto es la Criminología Ambiental la cual abordamos a lo largo del artículo anterior.

Me es increíble pensar cómo una serie de fenómenos cosmo-teluricos puede dar lugar o influir significativamente en la conducta del hombre y hacerlo más proclive a desarrollar una conducta antisocial que traiga consigo consecuencias jurídicas y posiblemente una sanción. Pero eso es el resultado que nos arroja muchos años de estudios en diferentes partes del mundo.





Referencias:

Echandía, A. R. (2003). Criminología. Bogotá : Temis. Holahan, C. J. (2009). Piscología Ambiental. Texas: Limusa. Maguire, M. (2002). Manual de la Criminología. México : Oxford. Marchiori, Hilda (1999) Criminología, introducción Ed. Marcos Lerner .Córdoba Silva, A. (2003). Criminología y Conducta Antisocial. México: Pax México.|



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