REVISTA ELECTRÓNICA
FACULTAD DE COMUNICACIÓN Y MERCADOTECNIA
El Gigante de las Flores
Cuento
Textos Literarios
Artículo
Por: Daniel Moreno Bermúdez
Esta es una vieja historia, me la contaron hace tiempo, no involucra dragones o caballeros pero creo que les gustará, a mí me encantó.
Todo comenzó en una pequeña villa, un lugar tranquilo, pájaros que cantaban y niños que jugaban, lo único destacable de este lugar era un viejo mito, se decía que en lo profundo del bosque existía un gigante de tierra, hacía mucho que nadie lo veía y por eso en él no se creía.
Pero este día esto cambiaría porque una jovencita un encuentro con él  tendría.
-Mary ¿A dónde vas? 
-Oh, señora Boton, pues a dibujar, he oído que en el bosque hay unos paisajes preciosos. –explicó una Mary claramente ansiosa.
-¿Estás loca niña? Es peligroso. ¿Cómo se te ocurre exponer tu vida por un pasatiempo? –dijo alarmada la señora.
-Soy profesional… bueno, lo intento- Dijo un poco malhumorada.
-Perdona pero profesional o no, una insensatez es una insensatez.- Dijo la señora Boton con el mismo tono con el que una tía le explicaría a su sobrino que mire a ambos lados antes de cruzar la calle.
-Llevo tres meses viviendo en esta villa y lo único peligroso que he visto es el guiso de la señora Lorel.- Expresó Mary mientras recordaba el extraño brebaje.
-Ciertamente, me pregunto cómo puede comer eso o prepararlo, no es ni agrio ni salado, tampoco dulce; no sé cómo llamarlo… y estoy muy segura que la última vez se movió; pero no estoy jugando chiquilla, ese bosque es peligroso.- explicó mientras apartaba la mirada.
-Por favor señora, ¿qué tiene de peligroso?- Cuestionó la joven con mucho escepticismo.
-¡¿Que qué tiene?! 
-No reaccione así, sé que hay lobos, pero todos son nocturnos. No hay peligro si regreso pronto.
-¡No hablo de lobos!
-¿Entonces de qué?
-¿No te han contado del monstruo?-Preguntó inquieta.
-Sí. -conteniendo su risa- El monstruo, un temible gigante que acecha el bosque, ¡por favor, no existe algo así!
-Te equivocas niña, yo lo vi.-Afirmó la señora.
-¿En serio? ¿Cuándo?- Cuestionó curiosa.
-Hace mucho tiempo, yo aún era una niña, acababa de cumplir los 10 años, como tú no creía en el monstruo pero todos mis amigos sí y yo fui lo bastante estúpida para hacerme la valiente e intentar mostrarles que no había peligro,-dijo la vieja como si se regañara a sí misma- al principio todo bien, sólo un poco oscuro pero muy bonito, había pájaros y mariposas a montones, incluso vi un ciervo, pero ahí fue donde mi pesadilla inició, se oyó un fuerte sonido a mi espalda y el tierno animal escapó, al darme la vuelta vi con horror cómo lo que había tomado por una pequeña colina se ponía de pie.
La vieja mujer se detuvo en esta parte del relato.
-¿Y? ¿Qué ocurrió? -Instó Mary. 
-¿Qué ocurrió? Pues que corrí, obviamente, ¿no ves que sigo viva? –explicó frenética la vieja.
-Ya lo noté. -Afirmó un poco irritada.
-Como sea, no entres, te lo advierto. –Exigió la señora señalándola con el dedo.
-Señora Boton, ¿no ha pensado que tal vez se asustó e imaginó eso? –explicó con calma.
-Estaba tranquila hasta que lo vi, te lo aseguro.
-Si claro, aun así creo que iré, pero tendré cuidado.
-No me crees ¿verdad?
-Bueno -<< ¿esperaba que le creyera?>>- sólo digo que esta es una historia como de 40 años atrás, aun si es verdad, ¿Qué posibilidad hay de que me lo encuentre?
-Bien niña, como quieras, pero vigila por dónde andas y no lo olvides, te lo advertí.
-Sí, estese tranquila.
Diciendo eso Mary se alejó de la señora Boton y comenzó a acercarse al bosque.
-¿Una sombra inmensa? -dijo Mary burlona- La señora Boton necesita salir más y aprender a darle un no como respuesta a la señora Lorel, cuando le pide que coma con ella.
Es obvio que Mary es una persona escéptica, cosas como duendes, hadas, dragones y “gigantes” no la preocupaban, después de todo ¡¿Quién ha visto uno?! Aparte de la señora Boton, según ella.
Además, ella quería ver el jardín del bosque, del que le habló su abuela cuando era pequeña, según ella en cierto lugar del bosque había un claro, en el crecían unas flores únicas, tan claras que brillaban y de varios de colores nunca vistos, cuando le dijo que había tulipanes azules, no le creyó pero ella tenía guardado  uno ya seco pero aún hermoso.
Mary quedó tan cautivada por la flor que decidió que un día iría a ver por sí misma aquel bello prado y en este punto de la primavera ya tenía que haber florecido. <>.

Siguiendo el mapa que le había regalado la abuela, se dispuso a buscar el legendario jardín.
-“Es un camino fácil y con un bello paisaje”,  sí como no- se quejaba Mary- hay tantas raíces que me es imposible avanzar sin mirar constantemente mis pies y tanto lodo que si piso donde no debo seguro me hundo, pero es cierto que es lindo -dijo mirando con atención a las mariposas y los suaves rayos del sol que se filtraban por las hojas.
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Pensó mientras miraba el viejo diario en sus manos, que contenía un mapa y una flor como separador.
A cambio del mapa y la flor. Quiero que me hagas un favor, cuando era niña en ese campo vi a alguien, me daba miedo por lo que nunca me le acerqué pero siempre parecía estar solo, no te diré detalles, no me creerías pero después de todo este tiempo me arrepiento de nunca haberle hablado. Así que si puedes platica con él, como verás yo ya estoy muy vieja no creo que vuelva a poder ir, pero tú sí,  cada año él va al campo el mismo día, quiero que tú también vayas entonces.
Cuando Mary le dijo que esa persona ya podría estar muerta, su abuela le contestó:
“Estará ahí, lo sé”.
Como no podía defraudarla aceptó y ahora tenía que cumplir, para Mary una promesa era una promesa. Ella siempre había vivido con esa creencia.
-¡¿Dónde está?! -se preguntaba con desesperación, mientras pasaba velozmente las páginas del libro.
<>.
Mientras se preocupaba sobre qué debería hacer vio a unos colibríes volando  en la misma dirección.
<>
No era un plan pero era eso o volver, así que los siguió.
Su persecución tomó más de lo esperado, no sólo empezaba a atardecer sino que ya no estaba segura de poder encontrar el camino de regreso con tan poca luz. La única razón por la que no se había detenido fue por la sensación de que se estaba acercando.
Al final, los colibríes se internaron en la parte más densa del bosque, Mary casi los pierde cuando atravesaron los frondosos árboles y arbustos.
Y ahora, tras pasar estos obstáculos, la joven sólo pudo sentir una emoción y fue la “maravilla”; había soñado por años con este momento y se creyó preparada pero el campo era aún más espléndido de lo que jamás había imaginado; los tulipanes, los girasoles, las rosas, las margaritas, todas llenaban el claro del bosque, con las formas y colores más hermosas que alguna vez había visto.
Desde donde se hallaba, a la luz del atardecer parecía un bello tapiz que se extendía a lo largo. Mary nunca había creído en la magia pero acabó preguntándose si no era la entrada al palacio de las hadas.
En cuanto la joven logró reaccionar, lo primero que hizo no fue dibujar, sino correr hacia las flores igual que una niña pequeña, sólo para dejarse caer encima de una gran pila de dientes de león.
Luego de ver las semillas dispersarse a su alrededor, Mary se arrastró hasta los tulipanes y después hacia las rosas; mientras  contemplaba, Mary comenzó a sentir sueño y cuando estaba a punto de dormirse la asaltó una duda << ¿Cómo es que las flores no están mezcladas?>>. 
Si fuera un jardín silvestre, lo lógico sería que las plantas se hallaran salteadas, pero todas estaban cuidadosamente separadas en pequeños jardines. 
Entonces Mary todavía más soñolienta sólo pudo pensar <> Con una nueva pregunta en su mente Mary se acabó quedando dormida, sin notar que cada uno de los pequeños jardines, tenían la forma de huellas, incluyendo aquel en el que había empezado a descansar. La respuesta a su duda era: uno.

Mientras Mary dormía el sol se había acabado de ocultar, la luna y las estrellas eran lo único que no había dejado el jardín en la oscuridad, pero las nubes provocaban que parte del prado fuera imposible de observar.
Todo seguía pacífico y hermoso, pero ahora bajo la luz plateada, más que un jardín de hadas parecía un prado de elfos, alegre pero digno. La calma rebosaba, los grillos cataban y las hojas al mecerse se escuchaban, pero…
 “Pfffff” al oír esto Mary despertó, por el inconfundible sonido de la tierra al pisarse. Mary se  frotaba los ojos con suavidad mientras comenzaba a pensar “¿Aquí hay alguien más?”. El sonido fue claro y expresaba que quien quiera que fuera el dueño de las pisadas, estaba cerca.
Mary giró entre las flores y al mirar entre los tallos vio una figura ennegrecida. Sin pensarlo quiso  llamarla… 
Pero las nubes se despejaron y notó que la figura ahora iluminada, no era humana.
Mary no podía creerlo, el cuento era cierto, pero no se trataba de un gigante normal, como todos pensaban, su cuerpo estaba hecho de tierra y se encontraba cubierto por diversas ramas,  pero lo que más resaltaba eran sus ojos hechos con rubíes escarlatas.
Mary estaba embelesada, no podía pensar, pero cuando la figura se movió, por fin pudo reaccionar. Mary casi gritó y al instante se arrepintió, si la escuchaba estaba condenada.
Comenzó a caminar hacia atrás, aterrada, quería escapar corriendo pero creía que la criatura no sabía dónde estaba, aún no la atacaba y por eso se dirigía al bosque con calma.
Pero…
-¡Aghh! (cruck)
Mary trastabilló y si las ramas que aplastó no la delataron su gritó de seguro sí. No le cabía duda, pues los movimientos de la extraña figura habían cesado, la había escuchado. Al ver esto Mary se levantó con prisa, ahora sin preocuparse porque la pudiera oír y empezó a correr.
Entró al bosque velozmente, no estaba buscando el camino, ni se dirigía al pueblo, sólo quería poner tanta distancia como  pudiera entre ella y el ser que hasta ahora había considerado no más que un mero cuento.

La joven corrió y corrió, pero de poco le sirvió, podía sentirlo, es más… podía oírlo. El gigante la seguía, cada paso que daba sacudía el bosque, pero lo que más aterraba a Mary es que los temblores se iban haciendo más y más fuertes.
Al final, Mary, sin poder resistirlo, miró hacia atrás. El gigante ya era visible. Era el doble de alto que los árboles y con todo y hojas, unas tres veces más grueso que ellos. Era tal su inmensidad que más que un habitante del bosque parecía parte del mismo, que búhos y otras aves revolotearan a su alrededor. Todo lo anterior sólo sirvió para agravar esta impresión.
No obstante, lo que más atrapó a Mary fueron sus ojos rojos. Un vistazo y fue incapaz de quitar la mirada.
Después de un rato, Mary, perdió de vista al gigante, para bien o para mal el bosque era inmenso y estaba oscuro; una persecución no era tarea fácil.
-Fuuhh.
-Grrr.
-Grrr.
-Grrr.
En ese momento, la jovencita, tuvo deseos de gritarle a Dios “¿Tienes que fastidiarme tanto?”. Rodeando a Mary se hallaban tres nuevos pares de ojos rojos, estos no eran de un monstruo pero… eso no fue un gran consuelo.
-Cierto… los lobos son nocturnos.-Mary no pudo evitar pensar esto en voz alta, mientras retrocedía contra un árbol tratando de alejarse lentamente de ellos.
Los gruñidos de las criaturas se hacían lentamente más graves, a medida que se acercaban. Mary, al ser incapaz de apartar la mirada de sus ojos, sólo pudo pensar <>.
-Crunch.
Este sonido era claro y sonoro para cada habitante del bosque, era la señal inequívoca de que el Rey se acercaba.
Los fieros lobos sólo alzaron la cabeza y corrieron como ratas. Y mientras lo hacían, unas manos hechas de roca apartaron las copas de los árboles, mostrando un par de brillantes rubíes.
-Mismo color distinto tono- y con esta frase sin sentido, Mary finalmente se desmayó.

A la mañana siguiente Mary despertó cerca de la villa, aún estaba en el bosque pero ya alcanzaba a ver la curiosa chimenea verde de su casa. Estaba a solo veinte minutos caminando de su hogar.
Cando Mary pudo entender su situación revisó frenéticamente su alrededor, tratando de comprender qué había pasado. Y vio su diario rodeado de tulipanes. 
-Oh aquí está, gracias a dios.- La joven murmuró mientras sostenía el cuaderno de piel.- pero esto es raro ¡son iguales a las del prado!
Si algo tan bonito se hallara tan cerca alguien lo sabría, esto ya se contaba como fuera del bosque.
La jovencita sintió que algo hacia click en su cabeza. “Un campo de flores”, “alguien tiene que cuidarlo”, “una extraña criatura” y la seguridad de su abuela de que “esa persona estaría ahí”.
Mary ojeó rápidamente las páginas en busca del tulipán y sosteniéndolo frente a su cara; pensó <>.
-Bien, técnicamente ya cumplí mi promesa, pera aún quedan cosas por hacer. Tal vez debería disculparme con señora Boton- recitó con total calma- y necesito prepararme para volver. ¡Olvide dibujar el prado por la emoción, diablos! 
Como ya he dicho Mary es una joven honesta…pero nadie negaría que es terca, si ponen una valla para decirle que no entre, ella solo la saltaría.
Ajena a su rara forma de ser, Mary comenzó a andar de regreso a la villa con una mirada optimista.
<>. 
Como se ha dicho antes, es una niña honesta. Ella lo negaría, pero tal vez esta fue su verdadera razón para volver… bueno, eso y su gran curiosidad.

Pasaron algunos días y si bien todos cuestionaron a Mary de por qué desapareció durante todo un día, al final logró calmarlos solo diciendo que se había perdido. Ella era nueva aún, así que nadie la cuestiono, nadie salvo la señora Boton.
-¿Lo viste no?- Preguntó.
-¿Ver qué señora Boton?
-No te hagas niña, sabes de lo que hablo. Viste al gigante ¿verdad?
-¿Por qué piensa eso?
-Por tus ojos, ya no son los incrédulos que vi antes.
<>. Pensó Mary.
Al principio pensó en decirle a la señora Boton, pero decidió no hacerlo. Tuviera razón sobre esto o no, esta mujer era una persona nerviosa por naturaleza. Si tuviera la confirmación de alguien más de que “algo” vivía cerca de la villa…, no había manera de saber que haría.
-Señora Boton, lo único que vi fueron aves e insectos. Lo piensa demasiado.
-No finjas niña.
-Señora Boton, si hubiera algo así ¿cree que iría cada día yo sola al bosque? - Dijo Mary.
La señora Boton no supo que responder a eso. Era cierto que si lo hubiera visto, esta joven no iría cada mañana al bosque con su cuaderno. Y sí lo hiciera, estaría algo más que loca.
Pero no podía aceptarlo. Todos estos años había aguantado las risas silenciosas de varios de sus conocidos y ahora alguien más había ido a esa parte del bosque. Quería demostrar que tenía razón.
-Pequeña, no sé por qué haces algo tan desquiciado. Pero confió en mis ojos y sé que viste a esa maligna criatura.
<< ¿Maligna?>>. Mary no sabía por qué pero sintió un poco de irritación al oír esto.
La joven no sabía qué hacer, la señora Boton ya la había cuestionado varias veces en los últimos días, pero hoy estaba incluso más decidida a descubrir la verdad. Por suerte para ella su salvación se acercó caminando tranquilamente a ellas.
-Oh, señora Lorel. Buenos días.- Dijo Mary.
La insistente mujer se estremeció ligeramente al oír ese nombre. La señora Lorel no era una mala persona, fuera de su comida era alguien increíble. Pero amaba invitar a la gente a comer y ella era una de esas personas tan amables que es difícil rechazarlas.
-Mary, Boton cuanto tiempo. Oigan acabo de terminar mi famoso guiso ¿quisieran acompañarme?
-Lo lamento señora Lorel pero estoy por salir al bosque y ya estoy muy retrasada.- Dijo Mary.
La mujer se veía algo decaída, pero rápidamente le deseo un buen viaje. Ella sabía de los viajes de Mary así que no se sintió muy dolida. 
La señora Boton se sintió momentáneamente aliviada, ciertamente esta vieja conocida suya era complicada pero si ya alguien la había rechazado sería mucho más fácil librarse.
Pero antes de que pudiera tomar la palabra, Mary se adelantó con una sonrisa que a sus ojos era francamente maligna.
-Pero la señora Boton me estaba comentando que por varias razones no alcanzó a desayunar. Estoy segura que le encantara acompañarla.
La señora Boton parecía apunto de gritar pero vio cómo su vieja conocida la miraba con ojos esperanzados y solo pudo dejar caer los hombros abatida, mientras le enviaba una mirada helada a la joven que ya se hallaba a varios metros de distancia. 

Mary ya llevaba bastantes días con esta rutina, por la mañana iría al bosque y dibujaría a su gusto, mientras por la noche vería como “esa” figura cuidaba el prado.
Ella estaba segura de que el gigante se sorprendió la primera vez que volvió a verla, ya que paró su trabajo y pasó un largo rato mirando hacia su dirección. 
La joven pensaba que “él” ya se había acostumbrado a verla, pero hasta el momento no había podido hablar con él. Ella solo se quedaba viéndolo cada día sin saber cómo acercarse.
Pero Mary ya había aprendido varias cosas en estos días. El gigante si bien lucía aterrador era en realidad una criatura inofensiva. Durante todo este tiempo solo lo había visto cuidar su jardín.
A veces arrancaría algunos árboles para plantar más flores y otras se agacharían y revisaría huerto por huerto que todas las plantas estuvieran bien.
Pero tal vez lo más importante que aprendió Mary hasta ahora, fue como nacían las flores en aquel prado. 
Ese golem era de verdad una existencia mágica, no solo su existencia sino también lo que hacía. Él solo pisaba con fuerza y aparecerían retoños. 
Un día eran de margaritas, otros de rosas y a veces de claveles. Pronto logró  comprender que lo que creciera dependía de los sentimientos. Era tan inconstante y voluble, casi como un niño.
Tal vez fuera esto lo que impulsó a Mary a hablar con él por primera vez. No había una razón lógica, solo tenía deseos de ser más cercana con aquella extraña y en cierto modo, tierna criatura.

Tiempo después de que la luna salió, Mary finalmente se decidió a acercarse al gigante quien estaba recostado contra algunos árboles descansando después de horas trabajando.
Cuando el golem miró en su dirección, Mary sintió como le las piernas, pero aun así se acercó lentamente y se sentó junto a él. 
Ambos permanecieron en silencio un largo rato, hasta que finalmente Mary hablo.
-Son muy lindas.-Dijo.
Ni Mary sabía porque lo primero que dijo fue esto. Había pasado días observando al gigante hasta que finalmente se atrevió a hablarle.
Ella originalmente pensaba hacerle algunas preguntas, disculparse por lo de la otra noche o tal vez sencillamente agradecerle por ayudarla. Pero cuando estuvo junto a él, sintió que esto era lo primero que debía decir.
El gigante no respondió. Tal vez era natural, Mary no sabía si siquiera podía hablar o entenderla, pero le pareció que sus ojos comenzaron a sonreír. 
Así acabó la primera noche entre estos dos, con una simple frase. Pero Mary no lo lamentaba ya que si bien regresó el silencio para ambos, esta vez se sentía gentil.

La vida de Mary se volvió una rutina incluso más extraña tras esa noche. Cada día eludiría a la señora Boton e iría al prado a ver a su amigo. Lo dibujaría mientras trabajaba y esperaría pacientemente a que terminara.
Luego lo obligaría a acompañarla un rato. Ya fuera a jugar en la cascada o pedirle que sacudiera algún árbol para hacer que volaran los pájaros y las mariposas.
Cada día Mary disfrutaría el tiempo que pasaba son su amigo y el golem parecía hacer lo mismo.
Pero un día, mientras el golem trabajaba en su jardín pasó algo extraño, Mary no vino.
Ella lo había visitado cada día desde hacía mucho y ayer no dio ningún motivo para pensar que hoy no haría lo mismo. Pero al final el golem pensó que solo no fue capaz de ir y continúo su rutina, del mismo modo que la continúo al día siguiente y el día después de ese.
Pasada una semana el golem ya no podía evitar preguntarse qué le paso a la joven. Era difícil leer su expresión pero cualquiera diría que se veía preocupado.
Él nunca había dejado el bosque, era su hogar y comprendía bien lo que la gente pensaría si lo viera. Pero aun así por primera vez se aventuró fuera del mar de árboles con pasos vacilantes. Quería ver a su amiga.

Los habitantes del pueblo lo vieron venir desde lejos. Hubo quien gritó, hubo quien huyo, pero todos estaban igual en cierto sentido, sorprendidos. 
-Está aquí.- Gritó alguien.
-Así que finalmente salió del bosque, lo sabía.- Dijo alguien más.
Hubo quien agarró algo para defenderse pero al final ninguno se movió, nadie quería ser el primero en acercarse a esa cosa.
El golem observó todo esto con calma, no le sorprendía, “ésta” era una actitud normal para alguien como él.
Ignorándolos se adentró al pueblo buscando a Mary, hasta que finalmente la observó a través de una ventana. Durmiendo con una expresión de dolor, por lo visto se hallaba enferma.
Tal vez era solo un resfriado, no era extraño considerando cuanto se había esforzado últimamente, pero el gigante no lo entendía, la chica que siempre se veía llena de energía había decaído tan fácilmente. En su opinión era igual a una flor a la que habían dejado sin agua.
Y mientras él se seguía preocupando más y más, Mary abrió los ojos.
-Hola grandote, perdón por preocuparte.-Dijo débilmente.
Al ver esto el golem sintió que debía hacer algo, pero no sabía qué. Él no podía ayudarla a recuperarse ni nada. Era una criatura verdaderamente impotente en su opinión.
Pero no podía solo sentarse o irse, así que hizo lo único que sabía hacer, cultivar una flor. Aunque no era como ninguna de las anteriores que había hecho.
El siempre cultivaba con tiempo y cuidado. Y aún más importante, nunca lo hizo con la tierra de su propio cuerpo. 
Mary vio como una extraña flor crecía de uno de los dedos de su amigo, quien lo extendió a través de la ventana. 
Ella sabía lo que quería hacer el golem así que con cuidado arranco la flor. Era un tulipán con pétalos multicolor, como un arcoíris. Nunca vio en el prado nada igual, era hermoso y único.
Pero en ese momento una piedra golpeó al gigante, forzándolo a voltearse y ver a los otros residentes del pueblo, sabía que tenía que marcharse. Tal vez en el futuro ni siquiera pudiera seguir viviendo cerca de este poblado, no volvería a ver su querido jardín, ni a Mary.
Después de un momento de silenció se volteó con cuidado para ver una vez más a su amiga y tratar de darle un mensaje con solo sus ojos rojos.
Mary entendió lo que él quería decirle. Ella misma había oído una y otra vez de boca de los aldeanos hablar acerca de la abominable criatura. Era obvio lo que pensaban de él.
Así que solo observó como el gigante se alejaba lentamente del pueblo mientras sostenía con fuerza aquel tulipán entre sus débiles dedos. Sabía que era esa flor, era tanto un deseo como un adiós.
Pasado el tiempo la chica se recuperó y fue a ver el prado en busca del golem, pero él ya no se hallaba ahí. Esto era obvio porque Incluso sus plantas comenzaron a marchitarse ahora que no había quién las protegerá. 
Mary no pudo soportar esto así que comenzó a cuidar el jardín esperando que un día su amigo volviera para hacerse cargo de él. Pasaron los días, pasaron los meses y el gigante no volvió.
Tal vez sintiéndose culpables, los aldeanos comenzaron a ayudar. El prado volvió a ser como lo era antes de que su dueño se desvaneciera, pero él siguió sin aparecer.
La chica estaba triste por esto pero no lloró. Debido a que cada año “alguien” dejaría una extraña flor plantada en su puerta.
Aunque estén lejos, los amigos son eternos.
Daniel Moreno Bermúdez