REVISTA ELECTRÓNICA
FACULTAD DE COMUNICACIÓN Y MERCADOTECNIA
Por Ella
Cuento
Textos Literarios
Cuento
Por: Natalia Navidad Manjarrez Carrillo
La primera vez que escuché Woman la voz de John Lennon me hizo recordarla y amarla aún más, atarla a mi corazón y resaltar sus virtudes que eran millones, era, sobre todas, la más hermosa y su notoriedad entre la multitud era simplemente imposible de evitar. 
Cuando escuché por primera vez When a man loves a woman mi corazón saltó ante las palabras que Michael Boton exclamaba con fervor y pasión, mismas que yo tenía hacia su auténtica persona ¿cómo puede uno caer tan bajo y tan profundo? ¿Cómo alguien puede sentir tantas y tan inexplicables emociones al mismo tiempo? ¿Cómo un hombre puede llegar a quebrantarse tanto por una mujer? 
Entonces comencé a sentirme identificado con aquella carta que Napoleón había escrito para su viejo amor Josefina el 3 de abril de 1796: “Cuando estoy cansado del trabajo, cuando los hombres me desesperan, cuando estoy a punto de maldecir estar vivo, pongo mi mano en mi corazón; tu retrato cuelga de él, lo miro y el amor me trae la felicidad perfecta”; el amor eterno e imposible que tendría toda mi vida sin duda alguna sería Liliana. 
Cuando vi por primera vez a Liliana estábamos en 3er grado de primaria, se había cambiado de ciudad por el trabajo de su padre, a la brevedad y en el preciso momento que puso su pie derecho en el salón caí rendido ante su cabello ondulado y claro, ante sus ojos grandes y despiertos, ante aquella sonrisa que con solo verla mi mundo se alegraba y el sol, aun en días nublados y lluviosos, salía a admirar. Se sentó a un lado de mí y me sonrió, seguramente porque se había percatado que su incomparable belleza me había dejado atónito. En clases volteaba a verla, sus pestañas subían y bajaban al mismo ritmo de mi respiración, siempre estaba atenta en clases y era simplemente bello cómo sus cejas se arqueaban asombradas ante algo que la maestra decía, sus descubrimientos y aprendizajes nuevos se notaban con cada gesticulación que hacía; pueden llamarme loco, pero después de varios días de verle constantemente podía descubrir cuando estaba aburrida, interesada, contenta, cansada, molesta y hastiada. Los viernes normalmente lucía cansada pero su rostro denotaba esa felicidad interna llegado el fin de semana, para mí, por el contrario, significaban dos días sin ella, dos largos días de agonía y deseo por la llegada del lunes. 
Un día le hablé, le comenté que matemáticas era mi clase favorita y, al arquear sus cejas, me hizo sentir importante, como si hubiera descubierto algo interesante sobre mí. Comenzamos a hablar sobre qué clases preferíamos y qué otras definitivamente no deseábamos jamás volver a tener, coincidimos en mucho. 
El tiempo pasó y de pronto habíamos avanzado juntos a 6to grado, cada mañana se sentaba a mi lado y comenzábamos a hablar entre clases, desayunábamos juntos a la hora del receso y en muy contadas veces mis amigos se burlaban de nosotros diciendo que parecíamos novios, yo solamente me reía, ella por otro lado lo negaba todo… nunca llegó a importarme, yo estaba seguro de lo que sentía por ella y tenía la esperanza de que en algún momento ella sentiría lo mismo por mí. 
Al salir de la primaria prometimos seguirnos frecuentando, claro que, como todas las promesas hechas en 6to grado, nunca se cumplió y por esos tres años mi corazón se tranquilizó en todo el aspecto del amor. Nadie me interesaba porque simplemente nadie podría llegar a igualar a Liliana y es que más que mi primer amor platónico escolar ella era mi mejor amiga. 
Llegada la preparatoria la había olvidado por completo, comenzaba a conocer nuevas chicas y de pronto pensé que todo mi enamoramiento se había desvanecido totalmente. Hice nuevos amigos y tuve mi primera novia, que si bien no era todo lo que yo hubiera pedido en una chica llenaba algunos puntos importantes en mi lista de la “mujer perfecta”. Al final, y como todo lo simple, ese amor caducó y falleció igual que mis esperanzas de encontrar a alguien que fuera lo suficientemente buena y en este vaivén de pensamientos uno de ellos trajo a Liliana de vuelta a mi vida, como la sombra que jamás desaparece y te persigue, aunque tú no la percates o no la notes. 
Al graduarme de la preparatoria decidí que quería ser veterinario, siempre me han gustado los animales y su cuidado en general, ayudar y hacer algo por ellos que no pueden siquiera defenderse y sin planearlo al igual que aquel pensamiento, Liliana apareció de nuevo en mi vida y estaba seguro que esta vez no la dejaría ir. 
Ella estaba en otra facultad muy cerca de la mía, a veces solíamos acordar vernos en algún sitio de la universidad durante nuestras horas libres compatibles. Siempre que la veía mi corazón saltaba de emoción y mis ojos simplemente no podían evitar ese brillo que resaltaba cuando solo la veía a ella, y es que siendo sincero nunca tuve ojos para nadie más que ella; mis ojos se plantaron desde el primer día en que la vi y ahora que había vuelto a mi vida después de 6 años de ausencia no pude despegar ni un poco mi mirada de la suya. 
Me empecé a acercar más, de vez en cuando tacaba su hombro y ella sonreía de una forma singular, pero yo ansiaba más. Con el paso del tiempo obtuve más confianza y al ver que yo no le desagradaba decidí un buen día, armarme de valor y tocarle la mano, cuando lo hice ella solo volteo a ver nuestras manos, la mía sobre la suya, me vio a los ojos y pude ver en ellos el mismo amor que en mí había crecido durante tantos años, sonrió como siempre lo hacía y agachó la mirada sonrojada. El sí era claro.  
Dentro de toda mi filosofía romántica y las fuentes de inspiración tales como las baladas viejas que mi papá solía poner, pensé en el lugar perfecto para declararle abiertamente mi amor y pedirle que lo correspondiera. Un amigo me habló de un parque solitario y tranquilo y me ayudó a comprar las cosas necesarias para armar un picnic, planeé llevar pizza, ya que era su comida favorita, y ordené específicamente que con las aceitunas escribieran en ella “¿quieres ser mi novia?”, todo estaba listo y ella había aceptado. 
La tarde era soleada y estábamos debajo de un árbol que daba la mejor y más fresca sombra, las nubes caminaban de forma tranquila; decidimos acostarnos y contemplar el cielo, comentábamos las diferentes formas de las nubes y nos reíamos constantemente, llegando el momento de la verdad me ofrecí a servir la bebida y le pedí que ella abriera la caja de la pizza y pusiera rebanadas para ambos en un plato, antes de verter el líquido en los vasos esperé a que abriera la caja y cuando puso sus manos sobre esta mi nerviosismo fue in crescendo, cuando la abrió y se percató del contenido vi que sus ojos de pronto se llenaban de lágrimas y sus mejillas se comenzaban a tornar rojas, cuando sus pestañas bajaron trajeron consigo las primeras gotitas de agua con sal que se resbalaron por tu rostro, me volteó a ver fijamente con esos ojos cristalinos y se abalanzó sobre mí abrazándome; fui el hombre más feliz del mundo, me susurró que siempre había soñado con ese momento, que se había estado reservando para mí y que nunca había conocido a alguien que sobrepasara sus expectativas después de haberme conocido, al apartarse vi que habían resbalado más lágrimas en su rostro; le hablé de todo lo que sentía por ella, de cómo cada canción la traía a mi mente, de cómo cada palabra de cada poema, de cada carta de amor me identificaba y de cuan feliz estaba por acceder a amarnos sin paredes y sin muros.   
Hoy por hoy puedo decir que Liliana trajo a mí el amor que jamás creí sentir, el valor que jamás creí tener y la felicidad que jamás creí obtener.
 
Natalia Navidad Manjarrez Carrillo