Después de haber hecho el recorrido por el informe del ciclo escolar 2024-2025, el primer sentimiento que surge en mí es el de gratitud. Gracias a cada una y uno de ustedes por su colaboración y entrega, por su empeño, entusiasmo y profesionalismo; gracias a toda la Comunidad y a la sociedad en general. El segundo sentimiento es el del goce de la fraternidad, porque juntos hicimos todo; nuestra Comunidad ha sido esencial en nuestro quehacer cotidiano. Les invito a «No dejarnos robar la Comunidad», como nos decía el Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangeli Gaudium. Reconocemos que nuestra fuerza es estar juntos y así trabajar en la construcción de un mundo más justo, más fraterno y más humano.En este proceso de construcción de la nueva sociedad, hemos de cifrar todo nuestro empeño, pues las y los jóvenes que están en nuestras aulas esperan de nosotros —además de las clases y el conocimiento— las razones esenciales para seguir viviendo y darle valor a lo que realizan. Los jóvenes nos impelen a ser sembradores de esperanza y a creer en nosotros mismos, a creer en ellos como estudiantes y en todos nuestros compañeros de trabajo, porque no estamos solos: una gran Comunidad nos respalda.
Generalmente, decimos que debemos tener la mirada en el futuro, y claro que hay que hacerlo, pero no despeguemos los pies del presente, pues el mundo por venir será el resultado de los pasos que demos ahora y de las huellas que dejemos. Hoy no solo estamos sembrando, sino que sembramos y cosechamos a la vez; las juventudes son nuestro presente; en ellos estamos dejando la simiente para que florezca, pero también en ellos estamos cosechando lo que cotidianamente les damos.
Vemos, a través de nuestra labor docente, el crecimiento y la madurez que todas las personas que forman parte de nuestra Comunidad van alcanzando. El mundo moderno es nuestra responsabilidad, y estamos construyendo el mundo de mañana a través de la impronta dejada en cada corazón y en cada mente.
Les invito a seguir juntos y por asociación en la gran misión educativa que el Sr. De La Salle nos ha legado. Implantemos en este mundo el Reino de los Cielos, viviendo felices y compartiendo esa felicidad con todas las personas que nos rodean.
Que María Santísima nos siga protegiendo y que el Santo Fundador sea nuestra guía en la desafiante tarea de educar a las generaciones actuales.
Dr. Enrique Alejandro González Álvarez, fsc
Rector de la Universidad La Salle Bajío