El campus Juan Alonso de Torres se convirtió en un espacio de encuentro y reflexión con la realización del taller “Conociendo mi Manantial”, organizado por el Departamento de Pastoral y dirigido a docentes de preparatoria. Durante tres horas, 18 docentes participaron en un recorrido interior que les permitió reconocer el “agua viva” que cada uno lleva dentro, como símbolo de la gracia y la fuerza espiritual que alimenta la vida cotidiana.
El objetivo central fue fomentar el desarrollo espiritual de las y los participantes a través del discernimiento en la vida diaria, descubrir cómo potenciar su propio manantial interior para vivir en mayor consonancia con Dios.
Las actividades realizadas incluyeron dinámicas corporales para favorecer la conexión personal, ejercicios para identificar emociones y sentimientos, momentos de oración contemplativa y reflexiones en torno a “abrazar el pan de cada día” como una herramienta de discernimiento.
La Mtra. Velia del Carmen Sánchez Moreno, responsable del Departamento de Formación Humana y Pastoral del campus, compartió que este taller forma parte de un proceso iniciado en diciembre de 2024, cuando se llevó a cabo la primera edición con la asistencia de 32 maestros. “En esta ocasión participaron aquellos docentes que no pudieron estar en el primer taller, asegurando que toda la planta docente tenga acceso a estos espacios de crecimiento espiritual”, puntualizó.
La experiencia fue profundamente significativa para las y los asistentes, quienes expresaron su gratitud por contar con un tiempo para reencontrarse con su F y consigo mismos.
Además de su impacto personal, estos espacios contribuyen al fortalecimiento de la identidad lasallista, ayudan a que los docentes integren valores espirituales en su labor educativa y transmitan a sus estudiantes la importancia de vivir en Fraternidad y respeto. En palabras de la organización, se trata de “vivencias sólidas de conexión con Dios y con el otro, como una persona valiosa”.
El taller “Conociendo mi Manantial” dejó en claro que la espiritualidad es una fuente inagotable que, bien cuidada, no sólo transforma a quien la cultiva, sino que también irradia hacia la comunidad educativa y la sociedad. Con maestros más conscientes, libres y humanos, la misión lasallista se renueva y fortalece para mantener viva la invitación a buscar la paz y el amor en cada gesto diario.