De un proyecto escolar a un sueño con sabor: la historia de Little Bani Bakery octubre 2025
Katherine Capetillo, Responsable de Comunicación Campus Salamanca

Divani Villasana y Gabriela Osorio se conocieron en la Universidad La Salle Bajío, Campus Salamanca. Una, egresada; la otra, estudiante de la Licenciatura en Gestión y Operación de Servicios Gastronómicos. A sus 20 y 22 años, decidieron transformar su amistad y amor por la repostería en un proyecto que hoy endulza vidas: Little Bani Bakery.

Lo curioso es que ninguna de las dos imaginó que su camino terminaría en la gastronomía.

“Mi primera opción era Medicina… al principio no me gustaba la carrera, pero la terminé amando. Soy feliz con lo que hago”, confiesa Divani, sonriendo.

Gabriela, en cambio, había iniciado Derecho. Sin embargo, algo en su interior la llamaba hacia otro rumbo. Desde la preparatoria horneaba pastelitos y muffins con las recetas de su abuelita y su mamá, y un día, después de ver una película, comprendió que debía dedicarse a lo que realmente le hacía feliz. “Soy una persona muy dedicada y detallista; por eso se me da tanto la decoración”, cuenta con orgullo.

El origen de Little Bani Bakery se remonta a una materia de Mercadotecnia. Gabriela decidió convertir su proyecto escolar en un emprendimiento real, y junto a Divani dio forma a la marca que hoy representa su identidad y su historia.

“Más que ofrecer postres, panes o café, queremos ofrecer una experiencia. Enamorar a las personas con nuestra marca y con nuestra mascota Rocco”, explican.

Comenzaron vendiendo postres en vasos, pero pronto se dieron cuenta de que debían reinventarse. Así surgieron los brownies, las trufas, las galletas, la panadería artesanal y, más adelante, las bebidas.

La idea nació durante un viaje a Puerto Vallarta, donde notaron que muchos lugares ofrecían productos “para llevar”. Aquello fue una inspiración. Su sueño original era abrir una cafetería junto al mar, pero decidieron comenzar su historia en Irapuato y Salamanca, donde su esencia también encontró un hogar.

“El primer postre que lanzamos fue el cuchareable de oreo, y se volvió nuestro favorito”, recuerdan entre risas.

El camino no ha sido fácil. Uno de los mayores retos ha sido aprender a adaptarse a los distintos gustos de sus clientes. “A veces se nos quedaba producto, y tuvimos que entender que cada persona tiene su propio paladar”, comparte Divani.

Además de socias, son pareja, y reconocen que esta dualidad ha sido una fortaleza. Han aprendido a trabajar en equipo, a delegar y a confiar una en la otra. Divani se encarga de la producción y de buscar ingredientes de calidad; Gabriela lidera la decoración y las redes sociales. “Al principio no sabíamos delegar, pero descubrimos nuestras fortalezas y eso nos unió más”, cuentan.

Su crecimiento ha sido acelerado: han participado en bazares y ferias, sacrificando salidas, amistades y tiempos en familia, pero ganando experiencia, disciplina y aprendizaje.

“Conocimos personas que llevaban años vendiendo y nos dijeron que lo estábamos haciendo muy bien”, recuerdan con emoción.

Por recomendación de sus familias, decidieron registrar su marca y su mascota, uno de los elementos más distintivos de su identidad.

“Fue un proceso largo, pero necesario. Queríamos proteger algo que nació del corazón. Ahora nadie más puede quitárnoslo”, dice Divani.

Hoy, ambas sueñan con abrir una cafetería física que sea el reflejo de su esencia y de la historia que están construyendo juntas.

“Quería crear un lugar que me hiciera feliz, donde pudiera decir en el futuro: no me arrepiento, tuve un emprendimiento, una marca, y lo hice junto a una persona que amo”, comparte Gabriela con emoción.

Agradecen profundamente el apoyo de quienes las han acompañado en este proceso: el Chef Carlos Chimal, la Mtra. Olivia Rocha, la Mtra. Perla Esperanza Rostro Hernández, la Mtra. Teresa Orozco y el Ing. Kevin Gregorio Calderón, quienes les brindaron guía, confianza y herramientas para crecer.

Hoy, Divani y Gabriela inspiran a otros estudiantes y egresados lasallistas a creer en sí mismos, a apostar por sus ideas y a convertir los proyectos universitarios en realidades transformadoras.

“Queremos que nuestra historia inspire a otros”, concluyen.

Porque cuando pones el corazón en lo que haces, el resultado siempre tiene sabor a hogar.

 

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