Un futuro prometedor en el séptimo arte se vislumbró durante la 24° edición del Festival Nacional de Cortometraje Universitario (Cortocinema), que se llevó a cabo del 23 al 25 de marzo, en el Campus Campestre de la Universidad La Salle Bajío. Un encuentro que celebró la potencia narrativa de las y los futuros cineastas del país.
Este año se recibieron más de 60 cortometrajes provenientes de distintas instituciones del país tales como la Ibero León, la Universidad Autónoma de Aguascalientes, la Universidad del Valle de México, el Centro de Capacitación Cinematográfica, la Escuela Superior de Cine, la Red La Salle y la Universidad Autónoma de Tamaulipas; los cuales conformaron una programación que invitó a mirar, sentir y pensar la complejidad del presente desde la mirada de las juventudes.
El programa también incluyó espacios de conversación como el de la Red Cinematográfica Guanajuato, donde profesionales del cine compartieron perspectivas sobre el rumbo de la creación audiovisual en la entidad. Asimismo, el conversatorio en torno al documental Más de ocho millones, donde el equipo creativo, compuesto por estudiantes de Comunicación de La Salle Bajío, compartió una mirada íntima sobre la migración venezolana, subrayó la importancia de enamorarse de las historias y construir empatía con el público. Las palabras resonaron con fuerza: el documental se construye desde lo personal, y cada proyecto transforma la vida de quienes lo integran.
Además, se proyectó una muestra de cortometrajes de egresadas y egresados de la especialidad en cinematografía de la Universidad de Guanajuato; la cual permitió compartir procesos creativos y fortalecer los vínculos entre la comunidad cinematográfica emergente.
Este año, la presencia del director y productor de cine, Edgar Nito, dejó una huella especial en la Comunidad Lasallista. Sus películas Huachicolero y Un cuento de pescadores encontraron eco entre las y los asistentes, quienes se acercaron a un cine que explora la realidad mexicana desde la intensidad y el misticismo. Su charla fue inspiración para quienes buscan contar historias con autenticidad.
“Pues para mí fue una experiencia muy enriquecedora y siempre voy a agradecer a la universidad el espacio que nos dan para asistir a estas pláticas. Edgar Nito es una persona notoriamente apasionada por su trabajo, que está cumpliendo su sueño y eso me inspira mucho. Además de que se mantiene con los pies en la tierra; mencionaba que siempre estamos en un constante aprendizaje de las personas que nos rodean y con las que trabajamos y eso resonó bastante con mi visión sobre la vida. Fue super accesible cuando estudiantes nos acercamos a él por una fotito o para platicar. Tiene una vibra muy ligera”, compartió Helena Barroso, estudiante de octavo semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación.
En tanto, la ceremonia de premiación reconoció el talento universitario que dio vida a esta edición. Era más grande la tierra, de Carlos A. Pineda, del Centro de Capacitación Cinematográfica, obtuvo el galardón como Mejor Cortometraje y también el premio en la categoría de Ficción. En Animación, Una obra sin sentido, de Rafael Vega Sánchez, de la Universidad La Salle Cuernavaca, destacó por su propuesta; mientras que Ecos de la memoria, de Jesús Arturo de Ita Sosa, de la Escuela Superior de Cine, recibió el reconocimiento en la categoría Documental. El videoclip galardonado fue Rumbo, de David Argüelles, también de La Salle Cuernavaca.
En ese sentido, el cineasta irapuatense y orgullo lasallista destacó el gran nivel de los cortos en competencia, así como la pertinencia e importancia de que existan festivales para exponer las historias de todas las latitudes del país, en afán de descentralizar el cine nacional. Asimismo, recordó sus inicios y, en retrospectiva, compartió lo que significó compartir experiencias con la comunidad estudiantil:
“La obra en sí, para mí es como el proceso y el aprendizaje; hoy poderme espejear, 20 años después de que hice aquí mi primer corto – Que hoy ni siquiera lo puedo llamar corto-, a ya presentar dos películas y trabajar de lleno en esto, pues es muy padre. Sobre todo tener la oportunidad de hablar con los chicos, poder transmitirles mi emoción y algo de la esencia de lo que he vivido, una motivación, la información o atajos para que todos tengan la oportunidad de seguir sus sueños”, apuntó.
Las menciones honoríficas pusieron de manifiesto la riqueza de las propuestas presentadas; destacaron Gasolina, de Víctor Duarte, del Centro de Capacitación Cinematográfica, reafirmaron la diversidad de miradas que habitan el cine universitario; y Sequía, de Miguel Fernando Navarro Oliva, de la Universidad de Guanajuato, quien señaló de dónde nació su propuesta:
“Quise reflejar la importancia de voltear a ver las infancias, de cuidar estos recursos, para que ellos no padezcan una distopía; sobre todo, en el caso de la escasez del agua. El objetivo es que tengamos conciencia para no vivir una crisis humana. Creo que cualquier manifestación artística y cultural, puede cambiar nuestra perspectiva, pero en especial, el cine puede ser un agente muy importante para tomar esa conciencia de que como humanidad seamos más responsables”, aseguró el joven cineasta.
Cortocinema 2026 dejó una certeza: el cine hecho por jóvenes no solo cuenta historias, también construye Comunidad, despierta preguntas y abre caminos. En cada imagen proyectada permaneció una invitación a mirar el mundo con otros ojos y a reconocer en el arte una forma de encuentro.