La Universidad La Salle Bajío, campus Salamanca, impulsó una estrategia educativa que coloca a las y los estudiantes como protagonistas en la prevención de la violencia escolar y social. Durante el mes de marzo, la institución desarrolló la prueba piloto del programa “Grano de Arena”, en respuesta a un contexto marcado por altos índices de incidencia delictiva en la región.
El proyecto contó con el acompañamiento del personal directivo del campus. La coordinación estuvo a cargo de la maestra María Teresa Olmos Martínez, desde la asignatura Estrategias de intervención en la comunidad de la Licenciatura en Psicología, con el objetivo de generar espacios de reflexión y acción colectiva entre el estudiantado.
La iniciativa retoma una metodología participativa inspirada en modelos desarrollados en Francia por ALC y adaptados en Perú mediante el proyecto “Sinergias II”. A partir de la metáfora del “grano de arena”, el programa plantea que cada persona tiene la capacidad de interrumpir los ciclos de violencia y contribuir a la construcción de entornos más seguros y respetuosos.
En el campus Salamanca, la propuesta incorporó un enfoque activo que involucró a estudiantes de segundo, cuarto y sexto semestre. A través de sesiones estructuradas, las y los participantes analizaron distintas formas de violencia, conocieron mecanismos de denuncia y diseñaron materiales audiovisuales con narrativas abiertas que invitan al pensamiento crítico.
A través de sesiones realizadas los viernes se trabajaron temas como:
El programa incluyó herramientas de evaluación antes y después de las intervenciones, con base en instrumentos validados por la Secretaría de Educación de Guanajuato. Esta medición permitió identificar cambios en la percepción de la violencia y fortalecer el diseño de futuras acciones dentro del ámbito educativo.
Uno de los elementos más relevantes fue la participación de estudiantes de octavo semestre de Psicología, quienes contribuyeron con propuestas metodológicas y facilitaron espacios de confianza. Su intervención fortaleció la implementación del programa y favoreció el diálogo horizontal entre pares.
La adaptación del modelo al contexto mexicano estuvo a cargo de especialistas de la red La Salle, quienes consideraron las realidades sociales de distintas regiones del país. Este enfoque permitió consolidar una propuesta pertinente para el nivel medio superior y ampliar su alcance en comunidades educativas del Bajío.
“Lo que logramos fue innovar un modelo de intervención donde los estudiantes son copartícipes y principales actores en la visibilización de formas de violencia. No se trata de decirles qué pensar, sino de acompañarlos a construir sus propias herramientas de análisis y acción”, señaló la maestra María Teresa Olmos Martínez.
“La violencia se reproduce en el silencio. Este programa apuesta por romper ese silencio con escucha activa, pensamiento crítico y acción colectiva. Cada estudiante que se atreve a decir ‘esto no está bien’ es un grano de arena que detiene la maquinaria del abuso”, finalizó.