Entre saberes y sabores: Comparten cocineras tradicionales patrimonio culinario con estudiantes lasallistas septiembre 2026
Esmeralda Mares, Responsable de Prensa y Contenidos

Entre el aroma de los guisos, el sonido del molcajete y el tacto de la masa fresca recién molida, los laboratorios de gastronomía se convirtieron en un aula distinta. Durante dos días, estudiantes de la Facultad de Turismo y Gastronomía de la Universidad La Salle Bajío se encontraron con quienes llevan en sus manos una parte de la memoria de sus pueblos: cocineras y cocineros tradicionales y portadores de saberes de Puebla, Hidalgo y Guanajuato; quienes compartieron con 120 estudiantes conocimientos ancestrales que han pasado de generación en generación.

“Entre saberes y sabores 2026” tuvo lugar en el Campus Campestre de la Universidad La Salle Bajío y fue organizado por el Dr. Salvador Omar Espino Manzano, Investigador de Tiempo Completo; además de funcionarios de la Facultad. Este intercambio cultural abrió un espacio para que las y los estudiantes conocieran de cerca los ingredientes, técnicas, prácticas e historias que dan identidad a distintas comunidades de México.

La jornada comenzó con un panel en el que las y los futuros gastrónomos expresaron sus inquietudes con respecto a la cocina tradicional. Y, coincidieron en que “es un reto dar a conocer un sabor que se ha perdido en el tiempo”; sobre todo en la era de la inmediatez, ya no persiste el interés por cocinar platillos que requieren más de 25 días de elaboración.

En ese sentido, la maestra María de Lourdes Camarena Frías, cocinera de Manuel Doblado, Guanajuato, expresó:

“Yo quiero que mi comida hable por mí; yo alimento corazones y no sólo estómagos. La cocina tradicional es la esencia de México. Guanajuato tiene mucho qué darle a México, no sólo la guacamaya y caldo de oso; somos muchas cosas que no se han probado y esta tarea de las cocineras tradicionales del Estado de Guanajuato: dar a conocer esos productos que cada región tiene”, aseveró.

Por eso, aprender gastronomía significó mucho más que conocer una receta. Cada preparación permitió acercarse a una historia y a un territorio; cada técnica mostró una forma particular de comprender los alimentos y su relación con la comunidad. Las cocineras tradicionales ocuparon un lugar central como protagonistas de la preservación y transmisión de un patrimonio que permanece vivo gracias a quienes lo conocen, lo practican y lo comparten.

Los sabores llegaron desde diferentes regiones; hubo chiles en nogada, tamal de puño, pollo en cacahuate, pipián rojo, cocina de hongos, tortillas a mano, pan tradicional, tamal de servilleta y salsas de molcajete. Cada preparación, no sólo nos hizo agua la boca, sino que mostró la diversidad de las cocinas mexicanas y permitió reconocer el valor de los ingredientes y técnicas que forman parte de la identidad de sus comunidades.

Desde Xicotepec de Juárez y Huauchinango, Puebla; Naupan y Acaxochitlán, Hidalgo; hasta Manuel Doblado y Abasolo, Guanajuato, las voces de las y los participantes llevaron a la Universidad historias vinculadas con sus territorios. Entre ellas estuvo la de Guadalupe Cruz Aranda, cocinera de Huauchinango, Puebla, quien compartió con los estudiantes un taller de náhuatl y también participó en la preparación de tamal de puño y pollo en cacahuate.

La cultura también encontró un lugar en este encuentro. Además de la cocina, los estudiantes tuvieron acceso a un taller de náhuatl y a talleres de bordado mediante la técnica de pepenado. Estas experiencias ampliaron la mirada sobre la relación entre gastronomía, territorio, comunidad e identidad; pues detrás de los alimentos también existen historias y formas de comprender el mundo.

En ese tenor, la cocinera Guadalupe Cruz Aranda expresó la emoción que le produjo este intercambio:

“Me gustó mucho venir a la universidad, el convivir con los estudiantes y profesores fue muy bonito. Espero que cocinar con nosotros y escuchar nuestros saberes les abra el corazón”, compartió con emoción.

La primera edición de “Entre saberes y sabores” con participación de tres estados también fortaleció el vínculo entre la Universidad y las comunidades portadoras de conocimientos tradicionales. Puebla, Hidalgo y Guanajuato encontraron en este espacio un punto de encuentro para compartir su riqueza gastronómica y cultural con las nuevas generaciones de profesionales de la gastronomía.

Al final, se quedó más aprendizaje y más que recetas: Quedaron historias, palabras, técnicas y memorias compartidas alrededor de los fogones y las aulas. “Entre saberes y sabores 2026” mostró que el patrimonio culinario de México se conserva cuando se comparte y que las cocineras tradicionales tienen en sus manos una herencia capaz de cruzar generaciones y territorios.

 

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